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jueves, diciembre 20, 2007

Venta de liquidación de México





Tomados de La Jornada, El Fisgón, Hernándes y Rocha.

Cuando los gobiernos corruptos del PRI aseguraban que el incremento de los energéticos –electricidad, gasolinas- no repercutiría en los precios de los bienes y servicios el PAN se rasgaba las vestiduras al afirmar que era mentira. Que cualquier incremento en los insumos de producción tendría que derivar en un aumento a los productos y que el consumidor final –es decir todos nosotros- pagaríamos ese incremento, pues no lo harían los industriales o comerciantes.

Ahora que el PAN hace “pactos de estabilidad” e incrementa el costo de los energéticos, dicen que no tiene por que repercutir en los precios. Sus “flamantes” legisladores niegan hoy lo que ayer ellos mismos denunciaban. Dicen que un incremento de menos de 0.5 por ciento mensual no tiene por que encarecer la vida.

Pero datos oficiales los desmienten de manera contundente. La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) que lleva un registro de los incrementos en diversos artículos y alimentos informa que en un año –de diciembre de 2006 a diciembre de 2007- el precio de la carne se elevó entre un 15 y 42 por ciento. La leche sufrió un incremento de entre 22 y 32 por ciento, cabe recordar que es leche importada, porque a los productores nacionales les pagan a un precio menor del que compran en el extranjero. Los productos de limpieza y el pollo tuvieron aumentos promedio del 30 por ciento.

Pero la inflación oficial, impuesta por el Banco de México –por Guillermo Ortiz, el artífice del Fobaproa/IPAB- será de 3.9 por ciento.

Es aberrante el cúmulo de mentiras y la cantidad de sandeces que “nuestros políticos” dicen para “justificar” el atraco a más de 100 millones de mexicanos. Mientras, ellos gozan de incrementos de 16 por ciento en sus ya de por sí elevados ingresos, además de los bonos, viáticos y un largo etcétera, que son pagados con el dinero de nosotros, los que sí pagamos impuestos.

La bufonería es ahora la salida fácil del usurpador Felipe Calderón Hinojosa. Unos días promete una cosa, otros ya otra. La baja “sustancial” en el cobro de las cuotas en las carreteras, no fue mas que una vacilada. En promedio algunas de ellas reducirán sus tarifas en un seis por ciento. Lo que representa un gran ahorro de hasta 6 pesos en tramos cortos y de 34 pesos en los más largos. Siendo como son las carreteras más caras de América Latina y de las más caras del mundo, se entiende que el anuncio en una pifia anticipada del 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes.

Todo es una cortina de humo para lo que viene en enero. No sólo es la escalada de precios, que analistas económicos de diversas simpatías políticas han pronosticado. Se trata de la privatización de Pemex, un hecho negado un día sí y otro también. Pero como la fecha del atraco se acerca, ahora empiezan a confirmar que sí efectivamente se está estudiando un plan en el Senado por el PRIAN para que empresas extranjeras operen eleoductos, refinerías y la distribución de productos petroleros.

Argumentan que es por falta de dinero. Si tomamos en cuenta que desde hace siete años –sí, todo el sexenio del ladrón Vicente Fox Quesada- el precio del petróleo se ha mantenido tremendamente alto, no se explica –porque sí se entiende, se lo están robando- la razón de que no haya inversión con los recursos de la propia paraestatal, en las áreas que quieren privatizar.

La única respuesta es que el PRIAN –con el corrupto priísta y ex candidato perdedor Francisco Labastida Ochoa- quiere seguir saqueando al país. Terminar por vender lo vendible. La energía, las playas. Darle el tiro de gracia a los productores agrícolas y ganaderos nacionales, etc. En resumidas cuentas hacer la venta de liquidación de México, al fin que ellos, los poderes fácticos, ni siquiera tendrán que vivir en un país comprado por extranjeros. Será pues la era de la esclavitud, eso sí, con la “ley” en la mano. Faltaba más.




A continuación un análisis tomado del periódico La Jornada.










Lo que se puede y lo que no


Octavio Rodríguez Araujo

Aceptando sin conceder que de habérsele reconocido el triunfo a López Obrador éste hubiera sido más como Lula que como Chávez, según ha dicho a La Jornada Ricardo Gebrim, del Movimiento de los Sin Tierra (MST), de Brasil, estaríamos mejor que con Felipe Calderón.

Dije “aceptando sin conceder”, porque también hubiera sido posible que con López Obrador la caracterización del gobierno hubiera sido lopezobradorista, es decir, con personalidad propia y no necesariamente equiparable a paradigmas inventados por aquellos que siempre buscan explicaciones por analogía. ¿Lula es un modelo? ¿Chávez es un modelo? ¿Evo Morales es un modelo? ¿Por qué tendrían que serlo? Cada país tiene ciertas peculiaridades y una determinada correlación de fuerzas que fija, finalmente, los límites de estas fuerzas, sean privadas o sociales, imperialistas o gubernamentales.

Gebrim dice dos cosas dignas de ser tomadas en cuenta: 1) “el gobierno de Lula no es un gobierno represor”, y 2) en el momento actual del capitalismo, en nuestros países periféricos no es posible, como ocurrió en Europa durante la (segunda) posguerra, con los gobiernos de tipo socialdemócrata, que se hagan reformas con conquistas sociales equivalentes a las de aquella época.

El hecho de que el gobierno de Lula no sea represor y que al mismo tiempo, como también dice el representante del MST, haya provocado una “gran decepción”, tiene por lo menos dos aristas interesantes. La primera quiere decir que quienes ahora dicen que en el momento actual del capitalismo no se pueden hacer ciertas cosas que serían benéficas para los amplios sectores populares, no hicieron el mismo análisis antes. Si lo hubieran hecho no se justificaría esa “gran decepción”. La segunda contradice los “análisis” y pronósticos del subcomandante Marcos cuando dijo que, en el supuesto de que ganara López Obrador, “… la ilusión se acabaría a la hora en que se fuera viendo que nada había cambiado para los de abajo. Y entonces vendría una etapa de desánimo, desesperación y desilusión, es decir, el caldo de cultivo para el fascismo” (“Los zapatistas y la otra: los peatones de la historia”. Las cursivas son mías.) ¿Por qué esa decepción, esa desilusión, no ha sido el caldo de cultivo del fascismo en Brasil y sí lo hubiera sido en México? Quizá Marcos lo pueda explicar algún día, al igual que aquello que dijo en junio de 2005: que cuando [AMLO] gobernó el DF anidó “el huevo de la serpiente”, es decir, el nazismo, sólo visto por él en su gran sabiduría y perspicacia.

En el coloquio en memoria de Andrés Aubry, donde participó Gebrim, entre otros intelectuales (no todos de acuerdo), se señaló que los gobiernos de los países periféricos, especialmente los de América Latina, eran necesariamente débiles o vulnerables ante la potencia del imperio estadunidense, es decir, que aunque quisieran hacer grandes reformas tendrían que tomar en cuenta esa fuerza externa que, ostensiblemente, ha metido las manos en la región (Cuba y Venezuela son los mejores ejemplos). No hablo aquí de los gobiernos seguidores tardíos del Consenso de Washington y de la Ley Patriótica de Estados Unidos, y que quieren ser más papistas que el Papa, como el de Calderón en México. Lo que quisieron decir, y lo dice con claridad el representante del MST, es que hacen lo que pueden, y esto si quieren, porque no todos quieren hacer reformas a favor de la población mayoritaria de sus países.

Francois Houtart señaló en el coloquio mencionado algo que me parece muy importante. “Fue probablemente duro –dijo–, pero sabio, […] apoyar a Lula en Brasil a pesar de su política interior socialdemócrata, o en Nicaragua de votar [por] el Frente Sandinista a pesar de sus defectos institucionales y de las deficiencias de varios de sus líderes. Se trataba de impedir alternativas de derecha con graves consecuencias, tanto internas como para la nueva integración latinoamericana. Con todo respeto (¿al EZLN y la otra campaña?), uno podría preguntarse si en México un razonamiento similar no habría podido evitar una presidencia aún ilegítima, de derecha dura y entreguista”(http://enlacezapatista.ezln.org.mx/comision-sexta/857/). En mi interpretación lo dicho por Houtart es una crítica a los movimientos antisistémicos o que se autodenominan así y que en México llamaron a la abstención, al voto nulo y que dirigieron sus baterías contra López Obrador y el PRD de manera tan obsesiva como torpe. El ultraizquierdismo mexicano vive en el voluntarismo de sus dirigentes cada vez más aislados (de la gente y de la realidad), al igual que en Venezuela, donde el autodenominado Secretariado Internacional de la Unidad Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (los epígonos de Nahuel Moreno) llegó a declarar el 7 de diciembre que “perdió el gobierno de Chávez, no el proceso revolucionario” y que su gobierno favorece “a la derecha pro yanqui, por sus políticas de conciliación y de negociación con la burguesía”. Sólo les faltó decir que en el gobierno de Chávez anida el “huevo de la serpiente” (quizá no vieron la película de Bergman del mismo nombre).

Los compañeros del MST han tenido la virtud de combinar la lucha desde abajo y con los de abajo al mismo tiempo que han tenido la suficiente flexibilidad para ubicarse en una realidad que, pese a su creciente desprestigio, sigue vigente: la política de los de arriba y los partidos políticos electorales que, por fuerza, no pueden ser radicales ni excluyentes (si quieren permanecer como tales). Lo tienen muy claro, aspiran a tomar el poder, conquistar el Estado, pero saben que primero tienen que construir el poder popular (un doble poder, diría Salama), nuevas estructuras y ciertas condiciones que todavía no existen. Si es cierta mi interpretación sobre el MST, no es exactamente antisistémico y en el último Foro Social Mundial en Porto Alegre fueron de los muy pocos que plantearon sin ambages que su lucha era por el socialismo y no sólo por “otro mundo posible” sin decirnos, deliberadamente, cuál.




La siguiente información fue tomada de la revista Proceso.








Militares y violencia feminicida

lourdes godínez leal

México, D.F., 17 de diciembre (apro-cimac).- Al amparo de la lucha contra el narcotráfico, elementos del Ejército mexicano extendieron sus cuarteles a diversas entidades del país y no pocos de ellos incurrieron en todo tipo de excesos, principalmente contra mujeres.

Marcela Lagarde, exlegisladora del PRD y actual integrante de una Red de Investigación de género, explica que el caso más emblemático de la violencia ejercida contra mujeres fue el de Ernestina Ascencio Rosario, en el estado de Veracruz, en febrero de este año.

“Ernestina era mujer, indígena y mayor de edad. Fue abusada, lastimada y maltratada. Fue violada a grado tal que falleció al día siguiente del ataque perpetrado por militares. No murió de gastritis, como aseguró el presidente Felipe Calderón”, recuerda.

Lagarde menciona también que este caso fue emblemático porque no sólo hubo agresión física contra la anciana, sino también violencia verbal cometida por el propio presiente Calderón y el ombudsman nacional, José Luis Soberanes, así como de funcionarios del estado de Veracruz.

“Todos ellos le dieron a este caso múltiples formas de violencia”m, dice la exdiputada perredista.

No menos grave fue el caso de la sexoservidoras de Coahuila, ultrajadas por una docena de soldadores, de los cuales sólo tres fueron sentenciados por el delito de violación en el primer juicio civil encauzado contra militares en México.

Este caso ocurrió en julio de 2006, durante el sexenio de Vicente Fox.

Casi un año después, en mayo de 2007, cuatro menores de edad fueron violadas por militares en los municipios de Nocupétaro y Carácuaro, Michoacán.

“Todas ellas son sobrevivientes de violencia feminicida porque quedaron en riesgo de perder la vida, hubo un poder total sobre ellas y se ejerció violencia directa en su contra”, sostiene Lagarde.

Vía errada de justicia

A pesar de gravedad de las violaciones a los derechos humanos cometidas contra las mujeres, los medios de comunicación pusieron mayor atención en la lucha contra el narcotráfico, las elecciones en 14 estados de la República y las negociaciones para sacar adelante la reforma electoral. El mismo gobierno de Calderón dejó pasar de largo la visita que hicieron a México Amnistía Internacional (AI) y del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), dos de los organismos defensores de los derechos más importantes en el ámbito internacional.

En su paso por México, tanto AI como la Cejil manifestaron su preocupación por la creciente militarización en el país y la violación a los derechos humanos. Además, condenaron la violación sexual contra mujeres ejercida por soldados y pidieron que los casos fueran “investigados” por el fuero civil no por el militar porque, adujeron, garantizaba la impunidad de los agresores.

El general brigadier, José Francisco Gallardo Rodríguez, preso en 1993 por denunciar violación de derechos humanos en el Ejército, dice que las “recomendaciones” que emitió la CNDH a la Sedena sobre esos asuntos son “una cortina de humo” para legitimar la existencia de la Comisión.

“A Calderón no le conviene que haya señalamientos directos sobre el Ejército porque deslegitima su actuación en la lucha contra el narcotráfico”, dice el militar a Cimacnoticias.

Gallardo no cree que las recomendaciones de la CNDH se cumplan. Recuerda que aún en los casos “más oscuros” en donde el Ejército ha estado implicado, como la ejecución de siete judiciales en 1991 o la guerra sucia, cuyos personajes han sido identificado con nombre, apellidos y cargos, “hubo recomendaciones de la CNDH y no pasó nada”.

La impunidad tiene permiso

Protegido por el poder político, el Ejército ha sido históricamente “intocable”. Gallardo afirma que la diferencia ahora es que tiene una participación activa en tareas que no le competen: seguridad pública y lucha contra el narcotráfico. “Estamos viendo un abuso de las Fuerzas Armadas por parte de Calderón, quien en una decisión unilateral saca al Ejército del cuartel”.

La impunidad empieza desde que los militares deambulan por las comunidades indígenas violando los derechos humanos de mujeres, hombres e infancia sin que haya una autoridad que los sancione, porque quienes incurren en estos delitos son juzgados en tribunales militares por “faltas a la disciplina militar”, no por las violaciones sexuales contra mujeres, precisó Gallardo.

“El Ejército calcula costos y no pasa nada si pone a disposición del ámbito civil a 20 personas, porque negocian y salen procesadas dos o tres, como ocurrió en Castaños. Y volvemos a lo mismo, a la impunidad absoluta”, opinó.

Gallardo sostiene que corresponde al Ministerio Público Militar y no a la Unidad de Inspección y Contraloría General del Ejército y Fuerza Aérea investigar los delitos sexuales cometidos por militares. “Las recomendaciones de la CNDH no tienen peso alguno para una institución como la Sedena”, dice.

Asegura que el Secretario de la Defensa “da línea” sobre quién deber ser juzgado o exonerado. “Tiene la facultad de modificar alguna opinión del MP (procurador militar) que se supone es un abogado, pero el Secretario le puede decir este señor es culpable o es inocente”.

Por Tal razón, el militar retirado señala que urge reformar artículos de la Constitución relacionados con las Fuerzas Armadas, así como las facultades presidenciales. Refiere que sobre ello existen al menos tres iniciativas congeladas en el Congreso de la Unión.

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