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viernes, febrero 08, 2008

Nuevo atole con el dedo; IFE copado por el PRIAN

Democracia ¿cuándo?





Tomados de El Universal, Helioflores y La Jornada, El fisgón, Rocha y Helguera.

Como sucedió en el 2003 los “consejeros ciudadanos” del IFE fueron impuestos por cuotas. El PRIAN, con ayuda de los “Chuchos” de la corriente Nueva Izquierda del PRD nombraron tres sustitutos a modo. En los hechos el IFE está viciado de nuevo.

Una gran campaña publicitaria dirá lo contrario, pero el IFE y sus “consejeros” sólo tienen de ciudadanos el nombre. Se trata de personajes ligados al PRI y PAN (PRIAN) de siempre y a la “nueva” derecha representada por la autoproclamada Nueva Izquierda del PRD.

Para engañar más, medios como El Universal titularon a ocho columnas: “Reparan paz electoral”, cuando este diario nunca reconoció el fraude electoral, ni los vicios de origen del IFE anterior. Y todavía dice que el nombrado presidente del IFE Leonardo Valdés Zurita se autodefine como un personaje ligado a la vieja izquierda del luchador social Heberto Castillo.

Para el analista político, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, John Ackerman, Valdés Zurita no puede representar la cuota del PRD en el actual consejo del IFE pues como consejero del Instituto Electoral del Distrito Federal, en 2000 se opuso con su voto a reconocer la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y avaló con su mismo voto al panista Santiago Creel Miranda, quien había rebasado los topes de campaña, hecho por el que su partido fue multado.

De esta manera queda claro que el aval de los “Chuchos” a Valdés Zurita fue para beneficiar al PRIAN y minar más el movimiento social y político de la izquierda que quiere un cambio real y no sólo en Fecalandia.

¿Cómo entender la nueva traición de Nueva Izquierda?¿Cuántas monedas costó el agarrón de piernas? Tal y como ocurrió en 2006, sucederá en 2009 y 2012. ¿Respeto a la voluntad popular y al voto? ¡Es cinismo puro!



Los siguientes materiales fueron tomados del periódico La Jornada.




http://www.jornada.unam.mx/





Ackerman: PRI y PAN mantuvieron su predominio en el instituto electoral


Difícil, que el IFE recupere la credibilidad con los nuevos consejeros, advierte

Leonardo Valdés bloqueó candidatura de López Obrador en 2000, recuerda el académico

Nacif, “muy cercano” a Calderón; define a Baños como “la mano izquierda” de Beltrones

Alonso Urrutia

La opacidad en la fase definitiva de selección de consejeros electorales en la Cámara de Diputados y la preservación pura de las cuotas de PAN y PRI, tanto de los nuevos integrantes como de los que se mantendrán hasta 2010 serán factores que difícilmente permitirán la recuperación de la credibilidad del Instituto Federal Electoral (IFE) rumbo a los comicios del 2009, sostuvo John Ackerman, especialista del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Manifestó que, en los hechos, el proceso de selección reprodujo el esquema del 2003, cuando PRI y PAN lograron incorporar consejeros afines a sus posturas, situación que se reproduce ahora y el PRD se queda sin nadie que tenga una cercanía ideológica. Lo paradójico, cuestionó, es que entonces el partido del sol azteca protestó por su exclusión y ahora celebra esa marginación.

A su juicio, los tres nuevos consejeros –Leonardo Valdés, Marco Antonio Baños y Benito Nacif– apuntan a mantener el estatus quo en el IFE, a dar por finiquitado –sin profundizar más en las investigaciones– el tema de los espots, o bien a proceder a la destrucción de las boletas electorales dando así por cancelado el proceso para acceder a ellas que se ha promovido entre ciudadanos.

Aseveró que todo apunta a que el nuevo discurso institucional será dejar pasar ya lo sucedido en 2006 y construir hacia el futuro sin mirar atrás. Sin embargo, alertó que sobre la mesa están, en la agenda inmediata, las indagatorias relacionadas con el mercado negro de promocionales que hicieron los partidos, tema que el anterior Consejo General parece haber optado por minimizar.

Ackerman recordó que el nuevo presidente, Leonardo Valdés, tuvo en su desempeño como consejero del Instituto Electoral del Distrito Federal dos posiciones clave: votar en contra de aceptar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador como candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal en 2000, y avalar que el entonces candidato panista al mismo cargo, Santiago Creel Miranda, haya rebasado los topes de campaña.

Con esos antecedentes, dijo en entrevista con este diario, cuesta trabajo pensar que Valdés pueda ser considerado como una cuota perredista, cuando su actuación fue favorable al PAN.

Sin embargo, acotó, habrá que esperar su desempeño como consejero presidente para determinar si puede iniciarse la recuperación de la credibilidad del organismo, pero de entrada “parece difícil pensar en un principio de recuperación de la legitimidad del IFE con la designación de estos nuevos consejeros”.

Subrayó que en la reciente reunión de diputados perredistas efectuada en Los Cabos, éstos le plantearon a Javier González Garza cinco nombres para darle mayor flexibilidad en las negociaciones. Sin embargo, entre los nominados no estaba Leonardo Valdés, e incluso, enfatizó, ni en una lista de diez personajes que circuló días después.

El especialista definió a Benito Nacif, postulado por el PAN, como un hombre “extremadamente conservador, muy cercano a Felipe Calderón, que en su momento promovió un desplegado, junto con Héctor Aguilar Camín y otros intelectuales, en contra de la remoción de los consejeros”. Es un “amigo íntimo de Luis Carlos Ugalde” y su llegada sólo puede entenderse como una asignación “pura y fiel” del panismo en el Consejo General.

Para el investigador, Marco Antonio Baños es un personaje de la vieja guardia priísta que dominaba el IFE en los primeros años de su creación: “Es el brazo derecho de Felipe Solís Acero y la mano izquierda de Manlio Fabio Beltrones”.

Se trata, resumió, de un cuadro absolutamente priísta que en su momento fue muy cercano a la entonces secretaria general ejecutiva y actual presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís, pues ambos “fundaron la empresa de asesoría a partidos Demos, y de hecho, cuando Alanís la dejó, Baños quedó al frente”.

Ackerman reprochó la opacidad final que tuvo la Cámara de Diputados para decidir. “Tendría que hacer públicas las razones por las cuales Genaro Góngora o Mauricio Merino no pudieron quedar en el nuevo Consejo General del IFE”, concluyó.



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¿Democracia? ¡No, por favor...!

Jorge Camil


Creí escuchar una descripción atrasada de los comicios mexicanos de 2006. Pero cuando puse atención al televisor supe que quien hablaba era el comisionado de derechos humanos de Kenia. El hombre explicaba a la conductora de Democracy Now las causas del enorme conflicto electoral que ha destruido la gobernabilidad y ocasionado la muerte a más de mil personas (incluyendo la de un conocido maratonista internacional, ¡que murió alcanzado por una flecha envenenada!)

El comisionado comentó que durante todo el proceso electoral las encuestas favorecieron a Raila Odinga, líder de la oposición, sobre el presidente Mwai Kibaki, que buscaba relegirse. Cuando comenzaron a fluir los resultados de la Comisión Electoral, a nadie sorprendió que Odinga tuviese una ventaja de más de un millón de votos. De pronto, la Comisión Electoral suspendió de improviso el flujo de resultados, y cuando sus funcionarios asomaron finalmente la cabeza reportaron sorprendentes avances de Kibaki, que reducían la enorme ventaja del líder opositor a sólo 50 mil votos. Después, concluyó el comisionado, la autoridad electoral declaró en forma inesperada el triunfo del presidente Kibaki, quien tomó posesión apresuradamente en presencia de sólo un puñado de parlamentarios. La guerra civil no se hizo esperar. Y así comenzó la matanza étnica entre kikuyus (seguidores de Kibaki) y luos (coterráneos de Odinga).

“Aquí se disputa agresivamente la presidencia –explicó, deshaciéndose en disculpas el comisionado– porque el presidente tiene poder sobre vidas y haciendas. Es la fuente de toda riqueza: los ricos lo persiguen, para ser más ricos, y los pobres, para dejar de serlo. La mayoría de los políticos son ricos. Kibaki y Odinga son multimillonarios”.

Días después, complaciendo mi adicción a las noticias internacionales, escuché en la radio el reporte del corresponsal de la BBC en Italia. Me interesó, por las fotos recientes de legisladores sexagenarios dándose bofetadas y forcejeando en el Parlamento como niños de escuela. “Aquí –reportó el corresponsal– en medio del caos político que prevalece, los políticos son incapaces de fijar siquiera metas alcanzables para resolver los más sencillos problemas nacionales. Están dedicados exclusivamente al juego del transformismo, que consiste en moverse a la derecha o a la izquierda, en un esfuerzo por permanecer en el poder. Son incapaces de reciclar la basura, pero muy hábiles para reciclar sus carreras”.

Mientras escuchaba al corresponsal no podía dejar de sonreír, pensando que el transformismo italiano equivalía al juego mexicano de la partidocracia. Recordé también mi colaboración de hace dos semanas en La Jornada, en la que advertí que nuestro país se había convertido en “la república del cambalache”: un mundo sin propuestas políticas, en el que ha desaparecido la ideología, y se han desvanecido las diferencias entre izquierdas y derechas. ¿Alguien puede negar que el cinismo político es hoy una epidemia universal?

En la mesa redonda de periodistas que organiza domingo a domingo la NBC con el nombre de Meet the Press, Peggy Noonan, galardonada columnista del Wall Street Journal, lamentaba el domingo pasado que la política estadunidense se hubiese convertido en un juego de dinastías: los Kennedy, los Bush, y ahora los Clinton. Noonan, no siendo mexicana, desconoce por supuesto el tema de nuestra pareja presidencial, que extinguió la llama de la esperanza democrática, y pudo conducirnos a la ruina de haberse prorrogado seis años más. Ahora Estados Unidos se enfrenta a un problema similar, que ha traído a la superficie la ambición desmedida de Bill y Hillary (“Billary”, les llama el Washington Post), y los extremos a los que están dispuestos a llegar para volver a gobernar en pareja.

Bill gobernó ocho años y terminó su mandato, pese al desafuero iniciado por el affaire Lewinski, con uno de los mayores porcentajes de popularidad de los tiempos modernos. Pudo seguir como estadista respetado, impartiendo conferencias, publicando libros y ganando millones. Pero no: la ambición lo hizo regresar con la excusa de “dirigir” la campaña de Hillary, con quien compartió el poder durante su mandato. (El 8/01/99 publiqué en La Jornada un artículo titulado “Los Clinton”. En él concluí que “Bill era la figura pública que cautivaba al electorado femenino con su voz meliflua de caballero sureño, mientras Hillary, fría y calculadora, desempeñaba tras bambalinas, y sin haber sido elegida, la delicada tarea de diseñar la estrategia y escoger las prioridades nacionales”. Hoy se han revertido los papeles.)

Y Bill, antiguo bastión del Partido Demócrata, venerado como “el primer presidente negro”, pone en peligro a su partido al dedicarse a la deleznable tarea de sabotear la campaña de Barack Obama, el primer afroestadunidense con verdadera posibilidad de llegar a la Casa Blanca. Decepcionada de la política, la misma Peggy Noonan se preguntó el año pasado: “¿llegará el día en que los votantes contemplen la política como un enorme río contaminado, que arrastra en su cauce llantas ponchadas y zapatos viejos?”

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