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miércoles, enero 09, 2008

Aumentos vs mentiras del PRIAN








Tomados de La Jornada, Helguera, Hernández, El Fisgón y Rocha y El Universal, Naranjo

Mientras que el pelele Felipe Calderón Hinojosa y su gabinete pirata mantienen una actitud negligente y corrupta –la misma de hace un año- por el aumento en el precio de las gasolinas y la libre importación de granos, los precios de productos como aguacate, jitomate, limón, chile, arroz y pollo, entre otros subieron en los primeros días del presente año 40 por ciento, en promedio.

Para Lorenzo Mejía Morales, presidente de la Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillerías Asociación Civil (UNIMTAC), que cuenta con 60 mil miembros, el aumento en el precio del kilo de tortilla sería de entre 20 y 30 por ciento, pero con la actual especulación se rebasará esa cifra. Mejía Morales dijo que en algunas entidades del país el precio alcanza ya los 12 pesos por kilo.

El precio de la turbosina tuvo un incremento durante el año pasado de 60 por ciento, mismo que fue trasladado al costo de los boletos de avión.

Sin embargo, para el PRIAN “no hay de qué preocuparse”. Esa fue la declaración de Ernesto Cordero subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda espuria. El funcionario –quien gana un sueldo millonario- aseguró que ni hace falta la firma de un pacto para evitar la escalada de precios. “La situación externa inclina o empuja hacia un incremento en los precios, por los aumentos de los granos y del petróleo. Sin embargo, en México se ha mantenido de manera controlada ese fenómeno”, remarcó.

Como queda demostrado el cinismo del PRIAN no tiene límite, Quieren a punta de anuncios publicitarios y declaraciones falsas revertir lo que ellos ocasionaron –ellos y los Chuchos del PRD- y que ahora niegan. Sin embargo, como ayer escribimos, los ciudadanos de a pie padecen desde hace semanas los incrementos a los precios. Y como hace un año, en el que el precio de la tortilla subió para no bajar, este inicio de año será lo mismo. Tendremos que cobrar tanta mezquindad y soberbia a quienes son los causantes de este quebranto en la economía popular: El PRIAN, los Chuchos del PRD y los poderes fácticos, con Televisa, TV Azteca, Bimbo, Wal-Mart, Maseca y bancos a la cabeza.



Poco a poco el gobierno desapareció el subsidio a la tortilla, acto consumado en 1999, en pleno sexenio del “bienestar para la familia”. En el no muy lejano 1995, el kilogramo de tortilla se vendía a 75 centavos y 12 años después a 8.5 pesos, en espera del aumento de 2008, en el gobierno de “para vivir mejor”. En 12 años (periodo de operación del TLCAN) el incremento en el precio del kilogramo del principal alimento de los mexicanos ha sido escalofriante: casi mil 100 por ciento, sin considerar el inminente; si éste se concreta, el aumento acumulado se elevaría a mil 300 por ciento.

Así de agitado comienza 2008, y para aderezarlo dice el inquilino de Los Pinos que 14 años de Tratado de Libre Comercio de América del Norte “ha significado un beneficio para millones de consumidores, y no necesariamente un daño para México”. Pues bien, recurro a documentos y declaraciones de funcionaros (2006) del Banco Mundial, uno de los panegiristas del TLCAN allá por los 90, para armar el siguiente resumen sobre tales “beneficios”, que los podrá ponderar mientras fuma cigarros más caros a partir de hoy:

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte “no es una opción de crecimiento para México; ya se le acabó lo bonito; los objetivos que se podían lograr con ese acuerdo ya se alcanzaron y hay que repensar la situación; México ya no debe concentrarse tanto en Estados Unidos; hay dudas sobre la conveniencia para México de seguir concentrando el comercio, y la actividad económica y financiera en general, con Estados Unidos; la productividad en las maquiladoras en México se ha estancado, a lo que se añade la concentración de exportaciones hacia Estados Unidos (de tal suerte que) los beneficios del TLCAN se han visto reducidos”.

Algo más: “se debe integrar a los mexicanos al crecimiento, porque con tasas de aumento anual de 2 a 3 por ciento del producto interno bruto no habrá avances en reducción de la pobreza y otros países rebasarán a México. El gobierno mexicano debe pensar lo que se está haciendo en otros países; la inequidad persistente en México, atribuida en parte por la existencia de monopolios y grupos de poder corporativo que lastran el crecimiento, ya está diagnosticada, por lo que se requiere ahora una estrategia para solucionar este problema”.

La apertura comercial mexicana de los 90 y el TLCAN, advierte el Banco Mundial, “tuvieron efectos regresivos, al afectar el bienestar de los más pobres; comparado con otros procesos de apertura comercial, la experiencia de México dejó menos ganancias para los sectores más pobres de la población; en otras palabras, para México la reforma comercial puede ser algo regresiva, mientras una fuerte progresividad es observada en Brasil; antes de medir las reformas por su efecto en los agregados económicos, importa el efecto en la distribución del ingreso”.

¿Qué tal los “beneficios”?

México SA, La Jornada, 9 de enero de 2008.





En seguida un análisis tomado de la revista Proceso.










Aristegui, la censura corporativa

jenaro villamil

México, D.F., 8 de enero (apro).- Desde el sexenio pasado, la censura tomó argumentos peculiares para justificar los cierres de espacios informativos y de libertad de expresión. La censura contra Carmen Aristegui constituye el caso más ofensivo de este nuevo estilo que tomó carta de naturalización desde el Chiquihuitazo contra Canal 40: la censura corporativa, resultado de una plena identificación entre la tentación de control de la opinión pública por parte del gobierno y los grupos de poder ideológico, empresarial y político y el alto nivel de concentración en los medios electrónicos, el pegamento que explica la impunidad de estos casos.

Un simple repaso por los casos más recientes y emblemáticos nos da el perfil de esta censura corporativa:

1.- “Problemas entre particulares”, afirmaron las autoridades de las secretarías de Comunicaciones y Transportes y Gobernación cuando un comando armado de Televisión Azteca decidió suspender la señal de Canal 40, bajo el pretexto de una deuda de 25 millones de dólares que Javier Moreno Valle no le pagó a Ricardo Salinas Pliego.

“¿Y yo por qué?”, fue la famosa frase de Vicente Fox en enero de 2003 para deslindarse del asunto. La complicidad con Los Pinos era obvia: nadie sin el consentimiento de la fuerza pública llega a cortar la señal de una concesión de un medio electrónico, en franca violación a la Ley General de Vías de Comunicación.

Sorprende que ahora el periodista Ciro Gómez Leyva considere que el Chiquihuitazo no fue un caso de censura. El exconductor de lo que fue uno de los noticiarios más frescos y polémicos de la televisión, ahora se compró el argumento corporativo: fue un problema de deudas, no de cierre de espacios informativos. ¿Ya se olvidó del boicot publicitario de los Legionarios al Canal 40, de la incomodidad de Martha Sahagún con el noticiario, del boicot publicitario? ¿No fue censura que Televisión Azteca se apropiara a la mala de una concesión que no le pertenece?

2.- “Boicot publicitario” acusó José Gutiérrez Vivó, el director y dueño de Monitor cuando interrumpió la señal de su emblemático noticiero radiofónico a mediados del año pasado. En entrevista con Proceso, Gutiérrez Vivó también rememoró una frase que provino del jefe de Comunicación Social de Felipe Calderón, Max Cortázar: “Se les dará publicidad cuando se porten bien”.

Algo similar ha justificado por décadas boicots publicitarios a medios incómodos para el poder como Proceso, Diario de Yucatán, La Jornada o El Norte. Lo singular en el caso de Gutiérrez Vivó fue la acción coordinada de los anunciantes privados y de la publicidad pública, para asfixiar a una estación.

Una y otra vez los efímeros defensores de la libertad de expresión justificaron la salida de Gutiérrez Vivó, argumentando el flanco débil de su caso: son problemas por deudas con Radio Centro, fue un “mal administrador” y, el gran pecado original de este sexenio: le dio “demasiado espacio” a Andrés Manuel López Obrador.

3.- Ahora, el espacio informativo conducido por Carmen Aristegui es cancelado bajo el eufemismo de un “nuevo modelo editorial” que Prisa y Televisa quieren imponer en W Radio y que no compagina con el periodismo que durante cinco años realizó Aristegui, respaldado con credibilidad y altos índices de audiencia.



La explicación de W Radio no deja lugar a dudas de que se trató no de una simple “incompatibilidad editorial”, sino de una incomodidad corporativa de la empresa frente a una periodista que supo hacer su trabajo y ganar un reconocimiento generalizado a su profesionalismo:

“La decisión se enmarca dentro de un proceso de renovación, actualización y expansión en el que está inmersa la W, que se refleja también en otros cambios en la parrilla (sic), que hemos realizado en los últimos meses”.

Esos “cambios en la parrilla” tuvieron un corolario bastante grave: eliminar el espacio más plural, de mayor rating y que convirtió a la W en un referente noticioso después de años de vivir en el letargo y la superficialidad mediática.

Imaginemos la reacción de un periodista como Iñaki Gabilondo, quizá el más emblemático de los noticiarios radiofónicos de Grupo Prisa en España, con un razonamiento similar. ¿Sacrificaría el consorcio editor de El País a su periodista con mayor credibilidad para que respetara un “nuevo modelo de organización y trabajo” y sus “cambios en la parrilla”?.

Para nadie era un secreto la incomodidad y la molestia del gobierno de Calderón, de la jerarquía eclesiástica, de los propios corporativos mediáticos –en especial, de Televisa-- contra Carmen Aristegui. Era incómoda para el establishment porque todo buen periodista es incómodo cuando se dedica a informar lo que la censura quiere que no se ventile.

Extraoficialmente, uno de los “pecados” de Aristegui fue haber entrevistado ¡dos veces a López Obrador en un año! En otras palabras, no se unió a una pretensión de uniformidad informativa y de odio acrecentado contra “el peligro para México” que domina en los espacios radiofónicos y televisivos.

El grave problema para quienes buscan reducir la expulsión de Carmen Aristegui a un simple desacuerdo laboral, es que ella cuenta con un capital social enorme del cual carecen Televisa, Prisa y el gobierno de Calderón: la credibilidad.

El otro problema es que, a diferencia de los casos de Canal 40 y de Gutiérrez Vivó, Aristegui no es empresaria, ni concesionaria ni tiene intereses corporativos que la vuelvan vulnerable a los pactos corporativos. Es la dueña del único capital que un periodista tiene para defenderse: su trayectoria, su profesionalismo y un carisma que ahora se demuestra en miles de cartas y de correos electrónicos de apoyo y en protesta por su salida.

Si imponerle el silencio a una periodista que sobrevivió a los intereses de estos tiburones mediáticos y a un gobierno incómodo con la crítica no es censura, entonces el cinismo se ha vuelto la moneda de cambio de estos malos tiempos para la libertad de expresión.

jenarovi@yahoo.com.mx

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