progressif

sábado, enero 05, 2008

Desfiladero*


Tomado de La Jornada, El Fisgón.


Jaime Avilés
jamast@gmail.com


Agenda 2008

Carestía: Slim aumenta su cuota 40 por ciento

Derrotar la Ley Gestapo, misión urgentísima

Pemex, el campo, la Corte, WC, Chiapas: ¡uf!


Todos los cajeros automáticos del país cobran una comisión de 7 pesos con 20 centavos por cada extracción de dinero, pero los de Inbursa, de Carlos Slim, piden un pago adicional obligatorio (cuando los billetes ya están a punto de llegar a nuestras manos), y si uno se niega a cubrirlo, porque es un abuso que nadie explica ni justifica, la máquina cancela la operación y escupe nuestra tarjeta de plástico poco menos que indignada.

Hasta el 31 de diciembre pasado, la cuota extra de Inbursa era de 5 pesos, pero desde el primero de enero subió a 7: al hombre más rico del mundo le pareció adecuado aumentar el servicio 40 por ciento. ¿Por qué? ¿Avaricia patológica, predicción financiera, lectura ominosa del futuro que esta medianoche se convertirá en presente cuando la incompetencia de Felipe Calderón dispare los precios de todas las gasolinas?

Durante diciembre, productos como pan de caja, atún enlatado, aceite, arroz, carne de vaca, pollo y cerdo, huevos y leche registraron alzas de entre 2 y 16 por ciento, pero anteayer el bolillo dio un salto de 20 por ciento, y los ganaderos estiman que el precio del kilo de carne de res tendrá un incremento de 30 por ciento, mientras los molineros calculan que el de la tortilla se elevará otro 15 por ciento.

La derecha golpista que se robó la Presidencia dizque para impedir que el “populismo mesiánico” desatara la carestía en perjuicio de los más pobres, decidió, en alianza con sus empresarios, que lo mejor para mantener la salud de las finanzas públicas era aumentar el salario mínimo en dos pesos. Y los demagogos de la vela perpetua que juraron que, con ellos en el poder, en México “nunca más” habría una crisis económica, han creado las condiciones para que todos vivamos peor, mucho peor desde ahora.

Cada vez que los neoliberales pronostican las calamidades que azotarían al país si la izquierda ganara las elecciones, en realidad lo que hacen es recitar el programa económico que pondrán en marcha. ¿No provocó Ernesto Zedillo todo lo que dijo que iba a suceder si triunfaba Cuauhtémoc Cárdenas? ¿No está ocasionando Calderón todo lo que según él iba a causar Andrés Manuel López Obrador?

Éste es el suelo sobre el que estamos parados al inicio de 2008: una mezcla de arena y agua en la que lentamente se nos hunden los pies. Pero las amenazas que acechan por todas partes nos obligan a tomar decisiones acerca del tipo de año que estamos dispuestos a vivir: con la cabeza baja, absorbiendo los golpes en silencio, o poniendo el corazón por delante y saliendo a la calle, con todas y todos, a luchar y a vencer.

Hay cosas que simplemente no podemos permitir que se consumen, de ninguna manera. Una de ellas es la Ley Gestapo que, desde el mes entrante, facultará a cualquier policía a entrar a la casa de cualquiera de nosotros, a cualquier hora del día o de la noche y con cualquier pretexto, para robarse lo que se le antoje, sembrarnos armas, drogas, balas, cadáveres o lo que se le ocurra con tal de “incriminarnos”, y, si también se le antoja, llevarnos a una cárcel clandestina y mantenernos incomunicados y sin duda torturados hasta por 40 días antes de soltarnos o presentarnos a un juez.

Esta columna hace un llamado urgente a todos sus lectores en el extranjero para que comprueben la veracidad de este peligro y se organicen en comités y promuevan alianzas con todos los grupos inconformes al respecto y desplieguen una campaña internacional, denunciando que el Congreso de la Unión está a punto de abolir algunas de las garantías inviduales más preciadas, en un claro espaldarazo al proyecto de George WC –y de sus perros falderos locales–, para establecer una dictadura de “rostro democrático” en México.

Si no salimos ahora a echar abajo esta aberración, cuando nos percatemos de sus efectos y querramos protestar contra ella, la aberración será la que nos eche abajo a nosotros. La pregunta clave es qué podemos hacer. Desde luego, presionar a los partidos confabulados en la maniobra, a saber el PAN, su alma gemela el PRI y la porción lamentable y vergonzosamente empanizada del PRD. ¿Instalar campamentos ciudadanos para recabar firmas de repudio a la Ley Gestapo frente a las sedes de esos partidos? Sí, pero desde luego, por ya.

¿Tratar de formar un comité de defensa de las garantías individuales, integrado por los mejores constitucionalistas del país, para que pongan sus conocimientos y todos los recursos legales que hay al servicio de esta causa? Sí, sí y sí, pero por supuesto. Ahora bien, ¿cuál es la instancia que debe hacerse cargo de esta tarea? Y la respuesta es obvia: el gobierno legítimo de López Obrador debe asumir su responsabilidad, emplear sus recursos humanos, su capacidad de convocatoria y su liderazgo para impulsarla de inmediato, pero al mismo tiempo establecer vínculos con todas las luchas sociales para presentar, también en este frente de batalla, una fuerza común.

El próximo miércoles a las seis de la tarde, en el Centro Cultural Indianilla (calle doctor Bernard número 111, casi esquina con Niños Héroes, colonia de los Doctores), López Obrador apadrinará el nacimiento de una nueva organización llamada Movimiento Nacional de Defensa del Petróleo, que estará encabezada por Ifigenia Martínez, Claudia Sheinbaum, Jesusa Rodríguez, Layda Sansores, Rosalinda López Hernández, Berta Chaneca Maldonado y Alfredo Jalife Rahme.

Ése será el núcleo en torno del cual se promoverá la resistencia civil pacífica en contra de la privatización de Pemex, que Calderón ya pactó en secreto con varios consorcios petroleros mundiales que pertenecen a países como Estados Unidos, Holanda, España y Brasil. Tenemos petróleo por lo menos para 60 años más, y no podemos dejar que nos lo arrebaten con el cinismo con que ya nos quitaron todo.

Sin embargo, a pesar de la gravedad que el asunto reviste, la defensa de Pemex no tiene un plazo tan corto como el de la Ley Gestapo. A ésta, repito, la aprobarán el mes próximo. Aglutinar a las ciudadanos en su contra, desde ya, con la urgencia que el peligro inminente reclama, ensanchará las bases del movimiento contra la venta de nuestra industria nacional, al que habrán de sumarse los campesinos que demandan la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Con todo y lo agobiante que luce, la agenda 2008 no se agota en estos temas, ojalá así fuera. Hay que lograr la dimisión de los ministros corruptos de la Suprema Corte, liberar a todos los presos políticos, renovar la solidaridad con las comunidades indígenas de Chiapas, proteger al obispo de Saltillo, Raúl Vera López, bloquear la Iniciativa Mérida para evitar la llegada de los marines y comenzar a discutir muy seriamente qué haremos ante las elecciones legislativas de 2009, en que el salinismo, como en 1991, intentará quedarse con todas las sillas del Congreso.

Mientras tanto, el blog www.adioscaradetrapo.blogspot.com prosigue su campaña para romper el aislamiento que rodea la lucha de los mayas del sureste. Consúltenlo: contiene una novela que pueden leer sin costo alguno, gracias a una iniciativa de verdad anticapitalista. Y Desfiladero saluda con el corazón en la mano a Carmen Aristegui, cuya expulsión de Televisa Radio confirma que el miedo de la derecha golpista a la verdad sigue y sigue y sigue creciendo.

*Tomado del diario La Jornada.

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Periodismo Herido**


jorge carrasco araizaga

MEXICO, D.F., 4 de enero (apro).- Cuando los periodistas se convierten en noticia, las más de las veces es síntoma de lo mal en que se encuentra la libertad de expresión.

Los asesinatos, secuestros o amenazas de periodistas son los extremos de un mal que también se expresa en la censura abierta –mediante la prohibición expresa y forzada de ventilar algo– o sutil, cuando se presiona a través de la publicidad oficial.

Pero hay también otras heridas al periodismo, como la censura que disfraza la comunión de los intereses económicos y políticos.

Eso fue lo que ocurrió con la salida de la periodista Carmen

Aristegui de W Radio, estación cuya propiedad comparten Televisa y el consorcio mediático español Prisa.

A pesar de tener los niveles más altos de audiencia en la edición matutina del noticiario Hoy por Hoy, la periodista debió salir de la estación por “incompatibilidad editorial” entre ella y los dueños de la estación.

En realidad, se trata de un eufemismo que oculta el ánimo censor no sólo de Televisa y Prisa, sino de la presidencia de la República y de grupos de poder, en especial la Iglesia católica.

Nada nuevo en el caso de Televisa. En el de Felipe Calderón, Aristegui no perdió oportunidad para recordar la manera en que llegó el actual ocupante de Los Pinos, ni dejó de abrirle el espacio a Andrés Manuel López Obrador.

No era nada gratificante para Calderón que, en un medio de tanta penetración como la radio, se recordara en forma reiterada la manera en que llegó a Los Pinos, con los abusos del anterior presidente y la prepotencia del Consejo Coordinador Empresarial, al margen, desde luego, de los propios errores y soberbia de López Obrador.

El “desencuentro periodístico” de Aristegui con W Radio significa que ni a Televisa ni a la Presidencia le gustaba la cobertura y política editorial que estaban a cargo de la periodista.

Es, en realidad, una muestra más de la intolerancia de la Presidencia hacia la crítica.

Apenas Calderón ocupó la presidencia de la República, salió del aire el noticiario Monitor del periodista José Gutiérrez Vivó, a quien el equipo de comunicación presidencial le pidió que “se portara bien” para recibir publicidad oficial y mantenerse así en el aire.

El noticiario se encontraba en penuria económica debido al pleito legal con el Grupo Radio Centro, al que el gobierno de Vicente Fox defendió por considerar que Gutiérrez Vivó “era perredista”.

Después de tres meses, Monitor regresó al aire, pero confinado a una modesta estación de AM.

Ahora, la salida de Aristegui –intempestiva, pero esperada– se explica por la convergencia del poder político y el económico.

También, por lo insostenible que era para Prisa mantener una línea editorial crítica hacia un gobierno que, como el de Fox, le ha facilitado –como a otras empresas españolas– millonarios negocios en México, varios de ellos incluso por encima de la ley.

Ha sido con los gobiernos del PAN con los que Prisa pudo por fin tener presencia en México, luego de dos fallidos intentos durante los años noventa, cuando primero compró el diario La Prensa, del DF, y luego instaló una oficina para publicar El País México.

El de Prisa es un caso que ya en España había dado muestras de la incompatibilidad entre los contenidos editoriales y los interese económicos de las empresas, entre ellas el diario El País; la cadena de radio SER –asociada con Televisa–; la editorial Alfaguara; el Canal Plus, así como de los derechos de transmisión de fútbol en España.

Para el caso de México, El País, Alfaguara y la cadena SER han demostrado con creces su entendimiento con el actual poder político en México.

Durante la contienda poselectoral presidencial de 2006, El País apostó por Calderón y no dudó en criticar en su editorial institucional la estrategia de protesta de López Obrador. Luego, ya instalado Calderón, le dedicó su editorial con el título “Calderón, en serio”.

Más todavía, hace un año, Alfaguara designó al cuñado de Calderón, Juan Ignacio Zavala, como número dos de Prisa en México.

La permanencia de Aristegui era una esquizofrenia o, por lo menos, una contradicción que Prisa no podía sostener.

Pero es también una muestra más del periodismo herido, como el periodista y profesor español José Manuel de Pablos Coello tituló un libro publicado en 2001, en el que relata cómo El País se convirtió de defensor de la democracia a promotor no sólo de la monarquía juancarlista, sino de los intereses económicos de España en el exterior.

jcarrasco@proceso.com.mx


**Tomado de la revista Proceso.

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