progressif

miércoles, diciembre 06, 2006

Retroceso y fascismo política del PAN


Tomado de La Jornada. Helguera


Cd. de México 1968 ---------------------Cd de Oaxaca 2006


El retroceso en materia de derechos humanos durante la administración del ladrón de Vicente Fox Quesada y en el torpe inicio del pelele Felipe Calderón Hinojosa es evidente y nos remonta a décadas atrás, cuando se inventaban conductas criminales para encarcelar a quienes manifestaban su inconformidad.

En días pasados dimos cuenta de un documento oficial que señala la forma en que hace 36 años la secretaría de Gobernación encabezada por el asesino –hoy enjuiciado por genocidio- Luis Echeverría Alvarez creó los llamados Halcones para poder infiltrar el movimiento estudiantil, provocar divisiones dentro del mismo y hacer desmanes y actos vandálicos para justificar ante la opinión pública la anhelada –por los oligarcas mexicanos, incluida la iglesia Católica- represión. Dos años antes otro asesino –en la Oaxaca de hoy se llama Ulises Ruiz Ortiz y es y fue respaldado por sus compinches Fox y Calderón- Gustavo Díaz Ordaz en complicidad con Echeverría crearían el Batallón Olimpia –grupo paramilitar- para acabar con las manifestaciones estudiantiles que exigían libertad de expresión, asociación e información objetiva y verdadera, entre otras cosas, que concluyó en la matanza del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco, ciudad de México.

Recordemos algunas de las declaraciones de los actores principales de aquel entonces, luego de las matanzas del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971.

---El señor Fernando M. Garza, director de Prensa y Relaciones Públicas de la Presidencia de la República, dijo ante poco más de 60 periodistas y corresponsales extranjeros la madrugada del 3 de octubre que en los disturbios del día anterior hubo "Cerca de 20 muertos, 75 heridos y más de 400 detenidos".

---Miguel Angel Martínez Agis publicó en el periódico Excélsior (el de ese entonces no el que compró el amigo del corrupto de Fox) el 3 de octubre del 68, el articulo que se tituló "Edifico Chihuahua: 18:00 hrs.”

Tercer piso del edificio "Chihuahua". Poco más de 10,000 personas en la Plaza de la Tres Culturas. Tres estudiantes han usado el micrófono. Uno de ellos para las presentaciones, otro del Politécnico y uno más de la Universidad.

Cuatro luces de bengala de color verde cayeron sobre los espejos de agua.
Eran las 18:10 horas. Varios centenares de agentes de la Policía Judicial, de la Procuraduría General de la República, de la Dirección Federal de Seguridad llegaron y gritaron a los periodistas: "¡Bájense!" Llevaban las pistolas en la mano.
Los mismos agentes decían a los estudiantes: "¡Alto aquí. Nadie se mueve..!" Se inicia el tiroteo.

Disparos al aire, ráfagas de ametralladora. Carreras de todos. Los elevadores atascados, los agentes cubrieron las dos escaleras de acceso.
Abajo, en la plaza, la gente se arremolinaba. Caía, se despeñaba sobre las escaleras de piedra frente a la iglesia de Santiago Tlaltelolco. Por los altoparlantes se escuchó: "¡No se vayan. No se vayan..!" Al mismo tiempo, por un costado del edificio de Relaciones Exteriores entra el Ejército. Más disparos. En este tercer piso son detenidos unos cuarenta estudiantes del Consejo Nacional de Huelga. Oscurecía. No había luz en el edificio.
Sócrates está entre los apresados. Esposados, agazapados, pegados a la pared de las escaleras, impulsados por gritos de los propios agentes, dos periodistas bajan al segundo piso. Unos quince o veinte minutos, mientras la balacera continuaba sin cesar.

---El belga Claude Klejman, del vespertino Le Monde, cuenta:
"A la inversa de la versión dada por la mayoría de los diarios mexicanos, en este momento no se disparo un solo tiro desde los edificios que rodean la plaza, ni tampoco de las azoteas. En cambio, entre la multitud se ven hombres vestidos de civil, con un guante blanco en la mano izquierda, que hacen señales a los militares. Después de esas señales, estos últimos abren un fuego nutrido contra la multitud. Los soldados van llegando de todas las calles. Habrá mas de 5 mil... estos soldados matan. La mayoría de los estudiantes ayudan a las mujeres a escapar, las protegen. ¿Cuántos muertos? ¿Cincuenta... doscientos?"

---El diario The Washington Post, publico en su edición del 3 de octubre, en la pagina 10 de su primera sección: "Un hombre y una mujer pedían ayuda, mientras una tercera persona yacía muerta a su izquierda, momentos después, la mujer fue muerta; el hombre también murió".

---Por su parte, El secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán, dijo en una conferencia de prensa: "No se decretará el Estado de sitio; México es un país donde la libertad impera y seguirá imperando".
De esta manera el gobierno establece claramente que fue una decisión que debía tomarse ya que la mayoría del pueblo mexicano lo que busca continuamente es la paz y la tranquilidad.

“Esto puede repercutir; pero no creo que se repita; no permitiremos más desórdenes. Creo que los padres de familia van a atender el llamado que les hemos hecho. No se puede permitir que sigan quemando vehículos del servicio público y cometiendo tropelías. Se continuará patrullando la Plaza de las Tres Culturas y las zonas donde hubo disturbios”, indicó.


---El dos de Octubre en la Plaza de las Tres Culturas fueron arrestadas más de dos mil personas, entre las que se encontraba un grupo numeroso de compañeros, de los comités de lucha escolar. Pocos de los detenidos cayeron en el juego del gobierno. La mayoría resistió las fuertes presiones físicas y morales a los que fueron sometidos. Eduardo Valle comenta en su libro (Escritos sobre el movimiento del 68) que “hipócritamente el gobierno nombró a dos representantes para las platicas previas a la solución del conflicto. Nuevamente la maniobra; designaba representantes presidenciales para tener contacto con los organizadores de la huelga y por el otro lado preparaba la matanza. El eterno doble juego del gobierno: la mano tendida y los fusiles. Ante la proximidad de las olimpiadas el poder gubernamental solamente tenía una solución: el conceder el triunfo del movimiento o acabar con el. El gobierno eligió la cruel, y cobarde masacre. “Tlatelolco y el dos de octubre son lugar y fecha que quedaron grabados en la historia de México, como el día y el lugar en que se ahogaron en sangre y balas los derechos democráticos de todo un pueblo” (pág. 45).

Estudiantes, hombres, mujeres, y señoras con niños se habían reunido en la Plaza de las Tres Culturas como razón del mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga. “Entre los asistentes salió el rumor de que había decenas de agentes policíacos, vestidos de civiles, entre la multitud reunida” (Ramírez pág. 388). Cuando habían transcurrido cerca de cuarenta y cinco minutos “de pronto, tres luces de bengala aparecieron en el cielo. Caían lentamente. Los manifestantes dirigieron automáticamente sus miradas hacia arriba. Y cuando se comenzaron a preguntar de que se trataría; se escuchó el avance de los soldados, luego se inició la balacera. Con ello la confusión, nadie observó de donde salieron los primeros disparos” (pág 396). La Plaza se había convertido en un infierno. “Las ráfagas de las ametralladoras y fusiles de alto poder; zumbaban en todas direcciones, la gente corría de lado a otro tratando de cubrirse. Muchos se arrojaron al suelo” (pág. 398). El intenso fuego duro cerca de 29-30 minutos.

En los momentos en que ocurrió la masacre del 2 de octubre, el movimiento gozaba de un gran prestigio por su trayectoria honesta y justa. Valle indica que no fue la represión la que derrotó a los estudiantes sino que fue la inhabilidad e incapacidad de dirección del movimiento. En la ausencia de los dirigentes el movimiento carecía líderes experiencia, con iniciativas, y directivas políticas. Además este autor escribió que la caída del movimiento se debió también a “las canalladas y las declaraciones arrancadas por medio de la tortura y cooperación de algunos” (pág 46).

Referencias
Ramirez, Ramón. El Movimiento Estudiantil de México.
México: 1969.

Valle, Eduardo. Escritos sobre el movimiento del 68.
México: 1984.

Secuelas del 68 y ganancia política para un asesino

---A fines de mayo de 1971 surgió un conflicto entre el gobierno de Nuevo León y la Universidad Autónoma del Estado. El estudiantado neoleonés pidió apoyo
al de la República. En el Distrito Federal hubo respuesta positiva de parte del sector estudiantil de la UNAM y del IPN. La agitación creció durante los primeros días de junio. La crisis aumentó en Nuevo León.
Se programó una gran manifestación para el jueves 10 de junio en las zonas aledañas al casco de Santo Tomás, principalmente en la Ribera de San Cosme. Pese a que se difundió la noticia de que el gobernador Elizondo había renunciado, se decidió llevar a cabo la manifestación. No acababa de empezar cuando los estudiantes fueron atacados por un grupo paramilitar denominado "Los Halcones". La policía había acordonado la zona desde Insurgentes Norte y Manuel González. Nadie se responsabilizó del ataque y se negó la existencia del grupo paramilitar. De inmediato procedió la renuncia del jefe de la policía, Flores Curiel, y la del Jefe del Departamento del Distrito Federal. Nunca se deslindó quiénes fueron responsables de los hechos. Las únicas víctimas ciertas fueron los jóvenes caídos.
La crisis política posterior fortaleció al presidente, quien recibió el respaldo de connotados intelectuales, que plantearon la disyuntiva: "Echeverría o el fascismo". El presidente, poco a poco, fue desarrollando una política de deslinde radical con su antecesor, así como su estilo personal de gobernar. En política internacional se inclinó hacia la posibilidad de formar un bloque independiente y de fortalecer al Tercer Mundo. En la política interior renació el populismo. Pronto dio la amnistía a los presos políticos de 1968 y a algunos de ellos los llamó a colaborar en su gobierno.


Ahora nadie duda de las matanzas de los años 1968 y 1971, pero los medios de nueva cuenta están “ciegos” a los asesinatos, represión, secuestro y tortura de centenares de oaxaqueños. Son tan taimados que ¿tendrán que pasar 30 años para “reconocer” la violación a las leyes?

La estrategia usada entonces es aplicada ahora, sólo que las condiciones son diferentes, en aquella época el control de los medios de comunicación era mediante la política del garrote y la zanahoria –te pago para que no me pegues y digas lo que quiero- ahora los medios co-gobiernan y defienden sus propios intereses, y no los de la ciudadanía. Sin embargo, la organización social puede ser más amplia en la medida en que más personas se den cuenta del perverso juego de las “instituciones” aliadas a los grandes capitales extranjeros, a los empresarios nacionales y a los corruptos medios de comunicación que llenan los espacios televisivos, radiofónicos e impresos –en menor medida- de banalidades con frases como: “también tenemos noticias amables” o concursos sin fin, telenovelas, talk shows, reality shows, desinformación y un largo etcétera.

La comparación entre 1968 y 1971 con Oaxaca no es exagerada, durante meses –igual que en 1968- creció un conflicto que día a día se llenó de ciudadanos cansados de los siglos de atraso social y económico causado por los caciques locales apoyados por más de 70 años de gobiernos priístas y 6 años de un imbécil que pretendió gobernar. Las protestas crecieron de tono y sumó decenas de miles a los pedios de renuncia del asesino Ulises Ruiz. Durante ese tiempo fueron diariamente hostigados por grupos paramilitares formados por policías estatales y priístas armados. Día tras día fueron balaceados con un saldo de 15 muertos, todos del lado de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Los gobiernos federal y estatal buscaron hasta el cansancio la “justificación” para reprimir a los ciudadanos. La consiguieron el 25 de noviembre, cuando grupos encapuchados hicieron quema de autos y varios edificios y comercios –es claro que estos grupos en su mayoría pertenecen al propio gobierno del asesino oaxaqueño-. Eso es lo único que necesitaban para, en complicidad con los medios de comunicación, lanzar una cacería de brujas y detenciones arbitrarias, casa por casa o en las escuelas, listas en mano. Son tratados como delincuentes comunes, cuando la violencia es una reacción a las agresiones, golpes y asesinatos sufridos. Hay algunos lectores de noticias descerebrados que en la cúspide de su iluminación tratan de ser “justos” y piden que también del otro lado –del gobierno de URO- haya detenidos y dicen: “digo para estar parejos ¿no?” En sus torpes comentarios olvidan que el “gobierno” está para velar por los intereses de la ciudadanía, de toda, no de una parte. Por ello los crímenes cometidos desde el poder son de Estado y se tratan en consecuencia. Hay ya en el mundo tribunales internacionales que juzgan este tipo de actos a sabiendas que los gobiernos de los países se rehúsan a llevar a las cortes a sus esbirros.
En esta ocasión –como en muchas otras- se utiliza el poder del Estado para reprimir y el uso faccioso –a modo, selectivo, ilegal- de las “instituciones”, como el poder judicial, para mantener presos a los inconformes. Eso en pocas palabras se llama fascismo o dictadura, escojan ustedes.

En seguida un análisis tomado de la revista Proceso.

http://www.proceso.com.mx


La nueva guerra sucia
josé gil olmos

México, D.F., 5 de diciembre (apro).- Mientras el nuevo presidente Felipe Calderón y sus socios de las televisoras han iniciado una campaña de imagen democrática en Oaxaca, la represión a la que son sometidos maestros y miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) da la impresión de que estamos en ciernes de una nueva guerra sucia en contra de cualquier movimiento social en México, situación que creíamos ya superada.

La detención el lunes por la noche de Flavio Sosa, su hermano Horacio, así como dos miembros de la dirigencia de la APPO, Ignacio García Maldonado y Marcelino Coache Verano, por agentes de la AFI en víspera de un encuentro con la Secretaría de Gobernación, huele a celada. Y también a traición, ambas señales claras de una guerra sucia en la que poco o casi nada se puede confiar de la postura gubernamental.

Desde hace una semana y media en Oaxaca se ha desplegado un operativo de terror policiaco-militar sin precedente en la historia del país. Comandos especiales, fuertemente armados, algunos de ellos embozados, han entrado en las escuelas primarias y también en los barrios y colonias populares, a fin de detener a quienes ellos consideran han participado en las protestas de la APPO.

Hay evidencias de que el operativo fue diseñado por mandos militares pues se trata de una estrategia prevista en un manual que tiene la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para evitar disturbios civiles.

El general Francisco Gallardo, en una reciente entrevista, explica precisamente cómo este manual ya fue usado por las Fuerzas Armadas en San Lázaro el pasado 1 de diciembre, a fin de permitir la unción de Felipe Calderón, y ahora es aplicado en Oaxaca en contra de un movimiento popular.

“El manual de disturbios civiles es para manejar las masas e impedir un disturbio civil, y para ello se contempla desde la presentación de la fuerza, como fue con la instalación de las vallas alrededor de San Lázaro, o en Oaxaca, cuando hicieron presencia las fuerzas federales de la Policía Federal Preventiva (PFP), hasta la utilización de la violencia con el uso de las tanquetas antimotines, de químicos, incluso la utilización de francotiradores, en donde se aplica la técnica de selección de objetivos, es decir, la aniquilación de los líderes en caso concreto, bajo la idea de que si se aniquila un líder se descabeza un movimiento”, explicó el general Gallardo.

La estrategia seguida en Oaxaca para descabezar el movimiento de la APPO es claramente militar: se establecieron las vallas metálicas en el centro histórico de la ciudad como señal de contención, después se pasó a la etapa de persecución cuando activistas y dirigencia fueron sometidos a un fuerte espionaje, y 141 fueron detenidos y trasladados al penal de alta seguridad de Nayarit, considerados personajes de “alta peligrosidad”.

Al mismo tiempo, la dirigencia ha sido acorralada y obligada a salir del estado, mientras que todas las escuelas de la entidad se encuentran bajo vigilancia y algunas ya fueron allanadas por comandos de asalto, y se ha puesto en acción una campaña de desprestigio en contra de la oposición.

Los organismos de derechos humanos han catalogado la situación como “un estado de indefensión”. La Liga Mexicana de Derechos Humanos (Limedh), la que más ha dado seguimiento al conflicto en Oaxaca, reportó el saldo del conflicto: "15 ejecuciones, 200 detenidos, 150 lesionados, más de una treintena de 'desaparecidos', y están por ejecutarse, otras 200 órdenes de aprehensión".

Esta grave situación no se había presentado en el país desde hace más de 30 años. Esto es, en Oaxaca se está desarrollando una nueva versión de la “guerra sucia” de los setenta, con el agravante de que supuestamente respiramos aires democráticos.

Como entonces, hoy en Oaxaca existen desaparecidos, muertos, heridos, detenidos y perseguidos por razones políticas, y no por cuestiones judiciales, como nos quieren hacer creer el gobernador priista Ulises Ruiz, y el presidente Felipe Calderón, con la ayuda de Televisa, TV Azteca, la radio y algunos medios escritos que han creado una imagen de violencia en los simpatizantes de la APPO, cuando la violencia ha sido generada por el mandatario estatal.

La persecución política es un remanente del sistema autoritario que encabezaba el PRI, pero que el gobierno de derecha de Vicente Fox y ahora el de Calderón han decidido mantener.

Esto nos habla de una manera deforme de ver la realidad social del país y de tratar de resolver los problemas con medidas de fuerza, y no a través de terminar con los factores que dan origen a toda inconformidad social: pobreza, desempleo, desigualdad, marginación y hasta racismo.

El gobierno de Calderón y de Ulises Ruiz, sin embargo, olvidan un aspecto fundamental: la violencia genera violencia, sobre todo si viene del Estado.

Los grupos armados que siguen operando ya declararon en sendos comunicados que están evaluando cómo van a responder a la represión gubernamental, y están en la posibilidad de continuar con la vía militar como ya lo hicieron con los bombazos del pasado 5 de noviembre por la noche en las sedes del PRI, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación e instalaciones bancarias.

Hasta el momento no tenemos información clara de los alcances de su fuerza militar, ni tampoco del número de activistas dispuestos a realizar actos de insurgencia armada. Es posible que no tengan un amplio número de elementos activos, sobre todo después de las importantes divisiones que sufrieron hace cinco años, así como de las bajas en sus mandos, como fue el caso del comandante José Antonio, líder del ERPI.

Pero con los que tengan podrían hacer tambalear al nuevo gobierno de Felipe Calderón, que adolece precisamente de solidez para enfrentar problemas más graves, como el narcotráfico en todo el país.

A nadie conviene seguir por el camino que se ha tomado en Oaxaca, la permanencia de Ulises Ruiz como gobernador ya ha tenido un alto costo. La reedición de la guerra sucia de los setenta no conviene a nadie y menos a un gobierno que se presume democrático y negociador.