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sábado, mayo 26, 2012

La fuerza ciudadana*



Tomados de La Jornada, Helguera y El Fisgón.


Bernardo Bátiz V.

 La ciudad de México es el escenario de un despertar ciudadano que empieza a estar consciente de su propia fuerza y que contagia a otras ciudades de todo el país; los estudiantes de #YoSoy132 invitan a una acción pacífica, pero contundente, en contra de las televisoras, que marca un cambio positivo en la historia contemporánea.

Los muchachos convocan a que el día 30 de mayo de este año, de las siete a las nueve de la noche, es decir, en horas pico, se apaguen los televisores como muestra de que el pueblo de México no se deja manipular por estos medios masivos de comunicación, que con soberbia pretenden sacar adelante sus decisiones e inducir a la gente a que piense como ellos quieren y haga lo que ellos proponen.

Lo mejor de nuestra comunidad nacional, los jóvenes, la parte más consciente de la sociedad, por su preparación y la más dispuesta a enfrentarse a los poderes fácticos, está haciendo lo que los políticos no se atrevieron. Recordemos que la Ley Televisa fue aprobada por legisladores de todos los partidos, salvo contadas excepciones, porque todos tuvieron temor a ser excluidos o borrados de las pantallas caseras.

Los muchachos más libres, más decididos, con el vigor que da no tener compromisos más que con su propia conciencia, se enfrentan a un poder que parecía incontrastable, pero que no lo es; auguro el triunfo del valor civil de los estudiantes, que más allá de posturas partidistas, están tomando la defensa de su sociedad con una acción que tendrá que ser eficaz; las televisoras son un negocio y se dolerán ellas y sus anunciantes de que un porcentaje muy alto de aparatos receptores estén apagados en momentos de mucha audiencia.

Ciertamente no es la primera vez que la ciudadanía se organiza fuera de las estructuras formales para enfrentárseles cuando perciben que éstas son contrarias a los intereses de la colectividad. Un precedente histórico muy importante fue el boicot que los católicos mexicanos hicieron en contra del gobierno de Plutarco Elías Calles con motivo de la llamada persecución religiosa en 1926; el gobierno callista se tambaleó por el levantamiento armado de los cristeros, pero le afectó mucho más el boicot que consistía en no usar transportes públicos, comprar lo mínimo necesario para vivir, no ir a espectáculos y prácticamente paralizar la economía.

 Otros precedentes que yo recuerdo sucedieron en Baja California, cuando se despojó de su triunfo al candidato panista Salvador Rosas Magallón, y los ciudadanos del estado recién incorporado a la federación boicotearon negocios de destacados miembros de la clase política dominante.

Una de las acciones consistió en que a un restaurante de un dirigente del fraude electoral, alrededor de la una de la tarde, llegaban las señoras que participaban en la acción, ocupaban la mayoría de las mesas y pedían tan solo un refresco o un café y se mantenían durante las horas de la comida sin consumir más y con ello, en forma pacífica, sancionaron al poderoso que había violado el voto público precisamente en su bolsillo.



No fue la única acción que se llevó a cabo, se dejaron de comprar periódicos, de asistir a lugares públicos, de comprar ciertos productos y se logró un efecto aceptable. Posteriormente, en 1988, durante la campaña del Maquío, la resistencia pacífica organizada por los panistas de entonces, obligó a Televisa a darle al candidato de la oposición una entrevista que éste aprovecho perfectamente.

La estrategia fue pegar calcomanías con la caricatura de Jacobo Zabludovsky, que entonces era “soldado del presidente”, con una larga nariz de Pinocho e invitar a no comprar productos de una empresa de bebidas alcohólicas, con anuncios en la televisión, que reclamó de inmediato por la disminución de sus ventas.

 Si en esos casos algo se logró, en este momento clave en la historia del país será decisiva la acción pacífica, pero enérgica, de los jóvenes que con originalidad y valentía, asumiendo su responsabilidad, incursionan en la vida pública de México.


 *Tomado de La Jornada.

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