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miércoles, abril 23, 2008

Quedan expuestas las recurrentes mentiras del PRIAN






Tomados de La Jornada, El Fisg{on, Hern{andez, Helguera y Rocha y El Universal, Helioflores.


De nueva cuenta los hechos tiran al cesto de la basura las mentiras del PRIAN. Los merolicos lectores de noticias de los medios electrónicos se rasgan las vestiduras afirmando que las tomas de tribuna cancelan, dinamitan, impiden el debate –necesario gritan- sobre la reforma energética. Los “legisladores” del PRIAN afirman que debatirán de manera “profunda” cualquier tema relativo a Pemex, y que ningún tema será dejado de lado.

No han pasado muchos días de semejantes declaraciones y en los hechos presenciamos el verdadero “debate” de la dupla mentirosa.

Ayer en sesión rápida y sin debate se aprobó en el Senado la llamada Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, con la misma rapidez que se hizo en la Cámara de Diputados. La ley de marras es nociva, pues privilegia a las grandes empresas para ser las proveedoras del gobierno federal, sobre las pequeñas y medianas. En los hechos es concentrar en un oligopolio las compras por unos cuantos, que pueden ser extranjeros y que además serán amparados por las leyes de sus respectivos países. ¿Se quejan de que se les llame traidores y levantadedos? ¿Ese es el Congreso secuestrado que no puede hacer nada? ¿Eso será lo mismo que pase con Pemex?

Los “educados”PRIANistas –hombres y mujeres por igual le gritaron a la diputada Layda Sansores, ¡tubo, tubo!, hace unas semanas-, esos que dicen respetar los sacrosantos recintos parlamentarios y las leyes mexicanas, comenzaron los insultos contra la senadora Yeidckol Polevnsky quien fue a debatir, con los que dijeron estar dispuestos a ello.

Lo único que recibió fueron insultos y abucheos, en lugar de elementos de discusión y de argumentos en contra. O de argumentos a favor de la mentada ley. Contrario a eso fueron pródigos –senadores y senadoras- en gritos y agresiones verbales. Los merolicos de los medios electrónicos se rasgarán la vestiduras por semejante muestra de la capacidad del “debate” de los PRIANistas y de sus “legislaciones” al vapor, siempre lesivas para el bienestar de México y sus habitantes. Sabemos que no, no somos ingenuos.

Los medios de desinformación cumplen esa función: desinformar y confundir a la población en temas que son de primordial importancia para ellos, para su vida y la de los suyos. ¿Cuánto tendrá que pasar para que en México se viva un Estado de derecho, donde impere la ley y la democracia?



El siguiente análisis fue tomado de la revista Proceso.



http://www.proceso.com.mx/





Spots, tribunas y guerra sucia

jenaro villamil

México, D.F., 22 de abril (apro).- El mismo día en que el Instituto Federal Electoral le ordenó a Televisa retirar la transmisión del spot “¿Quiénes toman los congresos?”, a las 23 horas, en el noticiario estelar de Canal 2, volvieron a aparecer las imágenes de Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta, comparándolos con Andrés Manuel López Obrador.

Quizá fue el último de una primera serie de promocionales preparados para retornar al estilo de la guerra sucia de 2006, cuyo objetivo principal no es convencer, sino estigmatizar y generar lo que especialistas califican como “campañas de pánico moral” en la sociedad.

La decisión del IFE se tardó cuatro días en procesarse. El tiempo suficiente y necesario para que el spot, patrocinado por un organismo de poca monta y débil trayectoria, Mejor Sociedad Mejor Gobierno, sembrara el mensaje a sus destinatarios. La pregunta en este momento es: ¿a quién buscaba realmente atemorizar la ultraderecha que financió el mensaje? ¿A los partidarios de López Obrador o al gobierno de Calderón, acusado por estos grupos de no aplicar la “mano dura” contra la toma de la tribuna?

No deja de ser sintomático que el spot se difundiera en un momento en que las posiciones en el Senado se acercaban y permitían la posibilidad de lograr el acuerdo para desalojar las tribunas. Este acuerdo, al parecer, se concretará este martes cuando la Junta de Coordinación Política del Senado dé visto bueno al acuerdo en la Comisión de Energía para que el debate sobre la reforma energética se realice entre el 12 de mayo y el 22 de julio, en un total de 20 foros, dos por semana.

El spot del grupo de Guillermo Velazco Arzac, conocido entre los yunquistas como Jenofonte, comenzó a transmitirse el miércoles de la semana pasada. Al día siguiente, Santiago Creel, presidente del Senado, destrabó las negociaciones al ofrecer que el PAN favorece una “vía intermedia” entre la propuesta de 120 días, del FAP, y la de 50 días, propuesta por Manlio Fabio Beltrones, del PRI.

El IFE, sin tener claramente atribuciones para ello, decidió dejar un impasse durante el fin de semana para determinar si es válido o no el spot. El lunes, el consejero Virgilio Andrade, presidente de la Comisión de Quejas, informó que era procedente la demanda del FAP y señaló que existen posibles violaciones a la Constitución con la difusión del spot.

Andrade puntualizó que, desde la reforma electoral, quedó clara la prohibición para que cualquier agrupación civil pueda financiar propaganda política a favor o en contra de un partido.

Este es el punto más nebuloso de la cuestión. El spot no desacredita explícitamente a un partido, sino a un liderazgo político. El spot es tramposo y difamatorio al comparar los golpes de Estado y las asonadas militares de Hitler, Mussolini y Pinochet –curiosamente salva de su lista a Francisco Franco-- con la toma de las tribunas en el Senado y en la Cámara de Diputados. Las diferencias históricas son obvias: Hitler, Mussolini y Pinochet encabezaban dictaduras militares, utilizaron al ejército para cancelar la vida legislativa y reprimieron a la población. ¿Realmente es equiparable una medida de protesta como la del FAP con el régimen totalitario del nazi-fascismo?

El exsenador panista y dirigente de la AMEDI, Javier Corral, escribió en su reciente columna “Contradicciones”, publicada en El Universal el 22 de abril, que la sanción a los promotores del spot y a la televisora que lo cobró y lo difundió, le corresponde “a la esfera de la Secretaría de Gobernación”, específicamente al área de la dirección general de Radio, Televisión y Cinematografía.

Corral va más allá. Señala que, bajo lo establecido en el artículo 1916 del Código Civil federal, existe daño moral contra López Obrador “al compararlo con los dictadores e imputarle un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que puede causarle deshonra, descrédito, prejuicio, o exponerlo al desprestigio de alguien”.

“Salta a la vista la magnificación de un hecho circunscrito a la toma de las tribunas con la disolución que Huerta, Hitler, Mussolini y Pinochet llevaron a cabo de los congresos en sus países”, advierte Corral.

La posición del exsenador panista refleja un punto de vista con credibilidad y con influencia en un sector de su propio partido.

Explícitamente, Corral se ha opuesto a la toma de la tribuna –algo que en algún momento también se analizó cuando se discutió la Ley Televisa-, por lo que es muy difícil señalar al político chihuahuense como un defensor oficioso de las medidas de resistencia civil.


La directora de RTC, de la Secretaría de Gobernación, Irma Pía González Luna, se deslindó de la responsabilidad de su oficina, pero también consideró que Mejor Sociedad, Mejor Gobierno “tiene derecho y todos los espacios para poder expresarse en lo que está de acuerdo”.

Aquí es donde está el punto más álgido de este debate. ¿Existe derecho, incluso, para la difamación y la calumnia pagadas como anuncio televisivo? ¿Acaso no le corresponde a la Secretaría de Gobernación regular los contenidos de los anuncios televisivos en función de que se trata del usufructo de la concesión de un bien público? ¿Estamos hablando de libertad de expresión o de libre empresa para encabezar una guerra sucia mediática? ¿Por qué se exime la Secretaría de Gobernación de regular estos casos cuando ésta dependencia se ha caracterizado por presionar a los medios para que ejerzan censura previa?

Los spots constituyen una fórmula de “desalojo mediático” de las acciones de resistencia civil. Provienen de grupos que desearían, paradójicamente, que el gobierno de Calderón actuara como Hitler, Mussolini o Pinochet: clausurando y reprimiendo cualquier muestra de descontento o de disenso social.

Aspirar a la uniformidad de las opiniones y ejercer el poder del Estado para clausurar la disidencia es, indudablemente, un sello del fascismo. ¿Lo sabrá el señor Velazco Arzac? ¿Lo apoya en este propósito el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios? ¿Qué criterio ético utiliza Televisa para seguir con la difusión de una campaña de odio?

Estas preguntas constituyen el otro debate en torno al debate energético.

jenarovi@yahoo.com.mx


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A continuación una colaboración tomada del diario La Jornada.








México: terrorismo mediático

José Steinsleger


Fuentes de inteligencia de mi archivo personal revelan que la credibilidad de los medios monopólicos de difamación decrece, conforme los pueblos optan por caminos distintos a los sugeridos por el torpe terrorismo mediático y el retorcido neomacartismo new age.

Dejaré, para otra ocasión, la pobreza de un texto que da pena por quien lo firma (“Populismo y democracia en América Latina”, Roger Bartra, Letras Libres, abril de 2008); paso a detenerme en el espot televisivo contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO), claro ejemplo de “terrorismo mediático”.

En ambos casos, la confusión guarda vasos comunicantes. En el uno, la insidia explícita del viejo cristero fascista que asocia a Hitler con AMLO: en el otro, la “excelencia académica” del converso apenado por el “antimperialismo rupestre y demagógico” que rechaza la globalización, “… el más importante motor del cambio”.

El escritor Fernando del Paso definió la esencia del espot con una palabra que no voy a repetir. De su lado, varios intelectuales manifestaron su indignación, aunque sin precisar que los responsables del espot son los mismos que presentaron ante la Procuraduría General de la República (PGR) una denuncia penal contra la única sobreviviente del ataque perpetrado por el ejército colombiano a un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en territorio de Ecuador.

Se trata de Lucía Morett, joven estudiante mexicana. El documento presentado contra ella y otros estudiantes de la UNAM es un prolijo dossier de 77 páginas, elaborado con trascendidos de la prensa capitalina, anexos de cidí, archivos de audio y fotografías. La denuncia penal es por “delitos de delincuencia organizada en su modalidad de terrorismo internacional y terrorismo, así como apología del delito y los que resulten con relación a la operación de las FARC en México y la participación de mexicanos en la organización terrorista denominada FARC”.

En tono similar, El Comercio de Quito (afiliado a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP), publicó el 20 de abril pasado un reportaje a plana entera intitulado: “Coordinadora bolivariana, el as de las FARC”, con dos fotografías a todo color. Una de las imágenes muestra a un grupo de jóvenes airados. El pie reza: “Activistas de izquierda contra el imperialismo”. Otros recuadros, sibilinamente, destacan: “¿Por qué se escogió a Ecuador para la cita?” “Venezuela es punto central de apoyo para las FARC.” “Plan para extenderse por todo el continente.”

Al día siguiente, el titular de otro periódico ecuatoriano, La Hora (que trató de “delincuente” al presidente Rafael Correa), publicó: “Mexicana herida en Ecuador se preparaba para crear una guerrilla en México, similar a las de la FARC”. La agencia de noticias española Efe transmitió la “noticia”, abriendo el paraguas: “una fuente del Ministerio de Defensa consultada dijo desconocer la información que aparece en el diario”.

Todo esto es “terrorismo mediático”, y las fuentes de mi lap-top blindada contra mentiras indican que entre AMLO y la joven Lucía no hay ligazón política válida, a no ser su dignidad, su coraje y su amor a México. Sin embargo, la “etica informativa” de varios medios impresos de la capital mexicana (es decir, la del gobierno de Colombia, o sea, la CIA) parecen copia perfeccionada de los que en 1968 satanizaron a la izquierda estudiantil, justificaron después la masacre de Tlatelolco y se pusieron a silbar cuando empezaron a desaparecer personas en el decenio siguiente.

En un encuentro de periodistas latinoamericanos, celebrado en Caracas a fines de marzo pasado (y del cual los medios “objetivos” nada han dicho), el flagelo del terrorismo mediático fue calificado de “peste de la cultura contemporánea”.

El terrorismo mediático fue definido como “… primera expresión y condición necesaria del terrorismo militar y económico que el norte industrializado emplea para imponer a la humanidad su hegemonía imperial y su dominio neocolonial”.

Ajustado a la ideología “comercio+seguridad” (nuevo capítulo de la añeja “doctrina de seguridad nacional”), la mierda informativa del terrorismo mediático (y ya plagié a Del Paso) que difunden los medios televisivos o impresos, y en particular los de la SIP, nos tiene a todos en nómina.

Puedes adherir al reformismo de centro o de izquierda. Quizá seas revolucionario sereno o rebelde. O quizá nada te importa porque detestas la política. Da igual. En la nómina del “terrorismo mediático” figuran todos los que dicen no a la infamia.

En los países del Cono Sur, los comandos de la noche empezaron con los militantes políticos, y luego siguieron con los que se preguntaban “¿y yo por qué?” Pero como en algún momento de sus vidas pensaron que algo andaba mal también resultaron culpables y, por ignorancia, sufrieron más que los que defendían un proyecto político.

Al fascismo le importa un carajo si peleas arriba, abajo, en posición horizontal, vertical, si te mantienes al costado o practicas la levitación intelectual. Si eres persona, defiendes tus derechos y a tu país, eres culpable. En la agenda de la “seguridad”, la mentira creíble pesa más que la verdad inverosímil.