progressif

miércoles, octubre 31, 2007

Malandrines especuladores del espacio radioeléctrico







Tomados de El Universal, Helioflores y Naranjo y La Jornada, El Fisgón, Helguera y Rocha.


Al principio dijeron que la declaración de inconstitucional de varios artículos de la llamada ley Televisa no les afectaba, pues en realidad todo seguía igual. Eso sí hicieron hincapié en el respeto a la libertad de expresión, que según ellos estaría en peligro si se le cambiaba una coma a la mentada ley que fue redactada en las oficinas de Televisa y defendida a capa y espada por el entonces senador del PRI Héctor Osuna y ahora encargado de la Cofetel, organismo encargado de regular a los medios de comunicación electrónicos.

Los testaferros del duopolio televisivo pronto olvidaron sus propias versiones y descalificaciones sobre el daño que les causaría la declaración de ilegalidad de la ley que ellos acuñaron. Ahora vuelven con el mismo cuento de siempre pero recargado. Dicen que los senadores no deben aceptar el dictamen de la Suprema Corte de Justicia en la materia, pues ningún poder está por encima de otro. Con ello pretenden que la nueva legislación sea una calca de la anterior.

Van más allá. Exigen que los medios públicos se regulen de la misma forma que hasta la fecha, sin vender espacios publicitarios. ¿Qué pasó con las bravatas de Ricardo Salinas Pliego de que cuál dinero público en la TV? Tampoco quieren que las radios comunitarias les hagan ningún tipo de competencia y sigan siendo sólo permisionarios, no concesionarios.

La cereza del pastel es que las concesiones sean vendidas al mejor postor. Dicen que una vez cubiertos los requisitos de capacidad técnica y tecnológica para usufructuar la señal, prevalezca el criterio de quien pague más. Eso fue precisamente el punto medular que declaró la Suprema Corte como inconstitucional. Al parecer no quieren entender que el pastel debe ser repartido entre más competidores. ¿Qué pasó con la libre empresa y el libre mercado? Puros cuentos.

Tampoco defenderán la libertad de expresión, pues para ellos ésta sólo está bien cuando ellos la utilizan y hasta la sobre utilizan a favor de causas personales y negocios privados. Dicen que el Senado debe legislar con mucho cuidado el derecho de réplica porque un abuso de éste pondría en peligro la libertad de expresión. Nadie exigirá un derecho de réplica si no es ofendido primero por los lectores de noticias, fielmente instruidos por sus patrones concesionarios. Es decir quieren seguir diciendo lo que se les pegue la gana sin mayor consecuencia y que el público sea el perdedor de su derecho constitucional. Si no les convienen las nuevas reglas con que dejen la concesión a otros que si la quieran asunto arreglado.

Al final fue verdad que la declaración de inconstitucionalidad de los capítulos medulares de la ley Televisa sí afectó los intereses del duopolio que se revuelca como tlaconete con sal. Se comprueba una vez más que los medios de comunicación mintieron por enésima ocasión.



El siguiente análisis fue tomado del periódico La Jornada.










Fox, distracción y miseria


Luis Linares Zapata

El pesado camión con materiales de construcción avanza lentamente entre la niebla. Sube la escarpada ruta y se enfrasca con la terca lluvia que oculta los enormes huecos en el pavimento de la carretera. En la bajada, la pendiente coquetea con los abismos y los agotados frenos del vehículo le pueden pasar terrible cuenta, a pesar del esfuerzo del motor para lidiar con el sobrepeso. El destino de su carga, como otras muchas más que por esos parajes se mueven con premura e intensidad por estos gélidos días de montaña aporreada por vientos del Golfo, se usará, sin recato que valga, para comprar el voto de los inminentes electores poblanos.

Los bienes transportados, en este particular caso, fueron después apilados a la intemperie a un costado del auditorio de Huehuetla, una de las muchas cabeceras municipales de la sierra poblana. Se trata, en el malsano recuento final de esta pequeña historia, de asegurar la continuidad de las exclusiones, base de un extendido régimen de privilegios. Completar tan ingrata tarea es, sin miramientos, continuar con la postración de miles de indígenas, sumirlos en la miseria. Mutarlos en seres desvanecidos que habitan esa verde costilla que otea desde lejos al Golfo de México. Lares dejados a la vera de la mínima justicia, la educación, de los servicios públicos o cualquier otro programa productivo de los gobiernos en turno. El desamparo y los sufrimientos serán así destino casi manifiesto.

Con minucioso empeño, los tramposos de siempre acarrearán la grava, levantarán un cerrito de arena, apilarán los ladrillos y pondrán los negros tinacos en tétricas filas a la espera de aquellos futuros usuarios que empeñen su palabra para cambiarlos por votos. Un obsequio del cuestionado góber precioso (Mario Marín) para sus correligionarios de partido (PRI). Pertrechos que con urgencias le solicitan aquellos que pretenden una diputación local o la presidencia de un cabildo cualquiera para librar la cruenta batalla de los pequeños y grandes cubículos de poder.

En esta contienda ningún detalle adicional ha quedado sin ser explorado y cubierto. Por eso se preparó el profesor Alibeth Bonilla, desde que era presidente del tricolor en Caxhuacán, al comparecer, junto con una treintena de familias de la localidad, ante el juez menor de lo civil. Este personaje, ahora candidato a la presidencia municipal (ya la ocupó en una ocasión), cedió parte de un terreno ejidal con una serie de condiciones para los beneficiarios de su altruismo, entre ellas (cláusula 4) la de obligarse a pertenecer, ellos y sus descendientes, al PRI. Si por cualquier causa se desligaran de tal compromiso, perderían todos sus derechos a la donación (cláusula 6). Éste es, qué duda cabe, un documento para la historia del mapachismo que tanto daño hace al proceso democrático de México y un sólido argumento para la continuidad del fraude inveterado desde el cargo público o partidario.

Mientras eso sucede, los lugareños siguen padeciendo las inclemencias del mal tiempo en la sierra poblana. Sus habitantes, acostumbrados por centurias a las penas, contrariedades y los dolores que les impone la naturaleza, persisten y apenas sobreviven a su extrema pobreza. Los niños, con la infame camiseta de raído algodón (parece ser la misma que usan desde el día de su bautizo), resisten con esporádicos temblores corporales el frío que les perfora el aliento y los pulmones.

Toda una región postrada sin remedio aparente debido a la tragedia de los precios del café que se abate sobre una inmensa, bellísima zona del México profundo. Ése que permanece como fantasma de una coreografía que, de repente, entra en escena con típicos trajes multicolores en bailes y fiestas conmemorativas de batallas heroicas. El resultado también de una política agrícola inmisericorde que los abandona a su mala suerte. Sin ayudas, sin salidas, continuarán apelando a sus rituales, a dioses y santos inasibles o a la escasa conmiseración de una conciencia solidaria que les tienda la mano. Abrazados entre sí esperan ya poco de sus autoridades y, por desgracia, mucho de una esquiva divinidad.

Un norte, el número 5 de la temporada, se ha conjurado con la empaquetada humedad de siglos contra las humanidades de totonacas y otras etnias originales de estos casi inaccesibles parajes. Se aparecen, sigilosos y desconfiados, hombres ataviados a la usanza del calzón de manta y mujeres con un blanco tocado de fibra sintética calada. Caminan, descalzos unos y otras con huaraches, en cumplimiento de sus labores cotidianas o emperifolladas para una ocasión especial.

Pero, mientras los poblanos se preparan para sus elecciones del día 11 de los corrientes, en la cúspide de las elites un debate por demás “trascendente” tiene lugar. Alentado bajo cuerda desde la misma Presidencia de la República oficial se desarrolla un pleito de medios que, para su propio mal, inició el ranchero rencoroso y abusivo de Vicente Fox. En el fondo se discute y difunden los abusos que desde el poder depositado en el Ejecutivo federal hizo la tristemente pareja de Los Pinos. No sólo salen a relucir los pequeños latrocinios mal disimulados en comodatos y repartos de ranchos escriturados a hermanos e hijos, sino también, ahora se conocen a detalle, los indebidos trafiques de masivas influencias. Tal disputa se va llevando los últimos jirones de la buena voluntad que a Fox le guardaban algunos mexicanos.
El meollo del cambio prometido se convirtió en espuma. Su administración se deshizo en jirones de frivolidades que salían a raudales desde las famosas cabañas. Sólo resta la intrascendente gritería de un ex presidente que pasará a ocupar el lugar que merece, muy a pesar de los enormes recursos de que dispuso y los beneficios concedidos a los poderosos medios electrónicos. La desigual realidad, en cambio, continuará su marcha por un sistema, por un régimen depredador, patrón de una política económica que va consumiendo, sin conmiseración, lo poco que resta de valor en la vapuleada República de los mexicanos.

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