progressif

jueves, abril 09, 2009

Matices para mis lectores*












Tomados de La Jornada, Hernández, Helguera, El Fisgón y Rocha y El Universal, Helioflores.



Octavio Rodríguez Araujo

Muchos de mis lectores que se tomaron la molestia de expresar sus comentarios por Internet a mi artículo del jueves pasado, están molestos conmigo por sugerir un voto estratégico o reactivo en contra del Partido Acción Nacional para las elecciones intermedias de este año. A este tipo de voto se le conoce como útil porque, como dijera la doctora Peschard (citada el jueves pasado), “implica sacrificar la opción con la que un elector se identifica por razones ideológicas, por lealtad partidaria o simple simpatía hacia un candidato, en aras de impedir el triunfo de otro contendiente”, en este caso del PAN.

Leí con atención y respeto los comentarios a mi artículo y llegué a la conclusión de que algo no lo expliqué suficientemente, pues algunos me dicen que abandoné mis principios y otros que lo que harán será acudir a las urnas para votar nulo. Los menos, que también opinaron, dijeron que votarán por el Partido del Trabajo y por Convergencia. No faltaron los que me acusaron de no ser consecuente, pues para las elecciones de 2000 mencioné el voto útil como un mecanismo para sacar al PRI de Los Pinos y, en cambio, ahora estoy planteando lo mismo, pero contra el PAN, aunque esto signifique que regrese el tricolor al poder.

Comenzaré por lo último. Las elecciones que vienen son por diputados federales y en algunos estados de la República también por presidentes municipales y diputados locales, pero no por el presidente del país. Habrá elecciones de gobernador en San Luis Potosí, Sonora, Nuevo León, Colima, Campeche y Querétaro. En todas éstas, según mi propuesta, se trata de disminuir el número de diputados y presidentes municipales panistas y evitar que gobiernen los estados mencionados. De Los Pinos nos ocuparemos en 2012 y, lo más probable, es que para ese año también proponga sacar al PAN de la presidencia del país, y con más ganas, pues es evidente que en 2006 le arrebataron el gobierno, a la mala, a López Obrador (ya publiqué al respecto un libro: México en vilo, cuya segunda edición es ampliada y actualizada). ¿Lo anterior quiere decir que yo tenga alguna coincidencia con el PRI? Nada por el estilo. Tengo 40 años criticándolo.

Lo que ha ocurrido en los años recientes es otra realidad que tenemos que tomar en cuenta. En varios estados del país el Partido de la Revolución Democrática es débil y hasta muy débil. Un ejemplo: Sonora. El PRD, lamentablemente, se ha desacreditado y si bien sigue siendo la tercera fuerza política nacional está muy abajo y difícilmente ganaría la mayoría en la Cámara de Diputados federal. Quien levantó al PRD, hay que decirlo aunque parezca parcial de mi parte, fue el liderazgo de López Obrador. No pocos de los senadores y diputados federales que ocupan actualmente su silla se la deben a AMLO, aunque posteriormente se deslindaran de él.

El PT y Convergencia, cuyos orígenes no enorgullecerían a ninguna persona de izquierda, son pequeños y sus probabilidades para ganarle al PAN o al PRI son escasas, aunque en algunas entidades federativas podrían lograr buenos puntos a su favor. De los demás, no digo nada; no se merecen medio renglón.
En relación con el voto nulo debo decir que sólo valdría la pena si fuera realmente masivo. Se vería como un voto de protesta y de rechazo a los partidos existentes, así como a sus candidatos. Tal vez nos dejaría muy tranquilos en nuestra conciencia, pero lamento tener que recordar que en nuestro sistema electoral se gana con un voto de diferencia, y los que en cada caso (ámbitos federal o estatal) tengan la sartén por el mango tendrán mayores probabilidades de ganar, simplemente por el aparato y los recursos con que cuentan. El voto nulo resultará, en las condiciones actuales del país, un voto inútil que sólo beneficiará a quienes ya tienen el poder, puesto que la legitimidad que dan los votos no les interesa (pregúntenle a Calderón). Lo mismo ocurriría con la abstención.

Que el PRI y la mayor parte de los priístas son nefastos, no me lo tienen que decir: los he estudiado desde hace muchos años. Pero si tengo que escoger entre ellos y el PAN, ahora y no antes ni después, mi voto es contra el PAN y a favor de quien le pueda ganar, según la entidad de la República o el distrito electoral (o circunscripción) en que me encuentre. Sacrificaría mi opción con la que más o menos me identifico para impedir el triunfo del blanquiazul. Así de simple.

Juro ante la tumba de Marx que yo no he tenido nada que ver con el deslizamiento del PRD hacia abajo ni con el desprestigio que se ha ganado. En 2006 voté amarillo, a pesar de que algunos candidatos me resultaran francamente antipáticos y ninguno de ellos, en ese momento, fuera de izquierda socialista. Me parecía, gracias a AMLO, la mejor opción, pero en esta coyuntura, hasta donde sé, no es candidato.

Si algo he lamentado en no pocos de mis artículos es que el PRD, un partido de centro izquierda, se esté desvencijando. Con modestia y hasta sin ella les he recordado la importancia de la unidad, de la disciplina, de la coherencia con sus principios y programa, de la coyuntura que tenía que favorecerles si se hubieran permitido la sensatez de posponer sus diferencias internas y sus ambiciones de podercitos para ellos y sus allegados. Como era de esperarse, pues no soy su ideólogo, no me hicieron caso. Allá ellos, por una parte, pero frustraron para la mayoría de los mexicanos una opción que difícilmente restaurarán. El 8 de mayo de 2008 publiqué un artículo que se puede leer en “ediciones anteriores” de La Jornada en Internet. Lo titulé “Desarmado”. Lo volvería a suscribir, así me siento.

Poner al PAN en minoría en la Cámara de Diputados no es darle al PRI la Presidencia de la República. Esperemos, inclusive con ingenuidad, que el PRD se pondrá las pilas y en los siguientes tres años se recompondrá para ganar Los Pinos. Todo está en que gane la confianza y el interés de las mayorías del país, que merezca nuestros votos.

*Tomado de La Jornada.