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sábado, octubre 06, 2012

Por Peña Nieto, forcejeo Salinas-Zedillo*


Tomado de La Jornada, El Fisgón.



Jenaro Villamil

Desde que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación entregó la constancia de mayoría a Enrique Peña Nieto como presidente electo, Carlos Salinas ha hecho más frecuentes y sistemáticos sus despliegues de presencia pública. Contrariamente a lo que eso pudiera suponer, hay versiones de que quien está realmente cerca del próximo primer mandatario del país no es él sino su odiado rival, el también expresidente Ernesto Zedillo. Por lo pronto, Salinas ofreció una muestra de su “poder de convocatoria” con motivo de la boda de su hijo Juan Cristóbal, el sábado 22 de septiembre.


A las 11:00 de la mañana del sábado 22 de septiembre, la mayoría de los mil 200 invitados a la boda de Juan Cristóbal Salinas Occelli, hijo del expresidente Carlos Salinas de Gortari, recibieron el siguiente mensaje por vía telefónica: “Para comodidad y seguridad de usted y su familia, el licenciado Salinas les informa que se suspende la ceremonia religiosa en la iglesia de Nuestra Señora del Socorro, y les invitamos a que lleguen directamente a la recepción en el jardín San Ángel Inn a partir de las 12:00 horas”.


Extraoficialmente, el cambio fue para evitar que los jóvenes integrantes del movimiento #YoSoy132 irrumpieran en la boda y para que la “nota” al día siguiente del encuentro político-social-empresarial en torno al enlace de Juan Cristóbal Salinas y Natalia Esponda no dañara la imagen del exmandatario. 

Carlos Salinas no ha perdido la oportunidad de volver a ser retratado y mencionado desde que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación entregó la constancia de mayoría a Enrique Peña Nieto como presidente electo. 

Apenas el 7 de septiembre apareció como invitado especial en el primer informe de gobierno del mandatario priista de Quintana Roo, Roberto Borge. Ahí afirmó que “sólo una cirugía plástica” le borraría la sonrisa y que esperaba que Peña Nieto “sabrá estar a la altura de la enorme responsabilidad que va a tener”.

Un día después, el 8 de septiembre, el Departamento de Estado estadunidense otorgó la inmunidad a Ernesto Zedillo, sucesor y adversario político del propio Salinas. La sonrisa no se le borró al exmandatario, pero sobrevinieron algunas señales preocupantes para su entorno.
 

El 11 de septiembre, Enrique Peña Nieto firmó un acuerdo de colaboración con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presidida por José Ángel Gurría, identificado como uno de los principales aliados de Ernesto Zedillo. Gurría también trabajó en el gobierno salinista, pero fue secretario de Relaciones Exteriores y titular de Hacienda y Crédito Público en el sexenio de “los neoliberales”, como denomina el propio Salinas en sus libros recientes al periodo de Zedillo. 

Unas semanas antes, el 17 de agosto, en declaraciones a un portal informativo de Nayarit, el sacerdote Manuel Olimón, influyente integrante de la jerarquía católica, había declarado que es el expresidente Ernesto Zedillo y no Carlos Salinas quien “realmente está detrás” de Peña Nieto.


Exiliado en la parroquia de Jala, Nayarit, después de que cuestionó la existencia de Juan Diego, Manuel Olimón, quien fue amigo de Luis Donaldo Colosio, manifestó a www.nayaritenlínea.mx que Zedillo estuvo “detrás” de la campaña de Peña Nieto desde su oficina en Nueva York. 

No sólo entre el alto clero, sino también en círculos de la burocracia priista se ven con preocupación algunos posibles nombramientos del futuro gabinete de Peña Nieto que tendrían más el sello de Zedillo que el de Salinas, a quien reiteradamente se identifica como el “padrino” político más encumbrado del mexiquense.

Exhibición de fuerza 

La fiesta estuvo perfectamente calculada y planeada para que Carlos Salinas de Gortari, a la usanza de los grandes socialités, apareciera no sólo como anfitrión de la boda de su hijo, sino también como pieza clave de los centros de poder empresarial y político más importantes del país, con los cuales negociará Enrique Peña Nieto. 

Según relataron a Proceso varios de los asistentes, Salinas de Gortari preparó una “mesa de honor” en forma de herradura, con más de 150 sillas, para que nadie se sintiera lejano al exmandatario.

 Ahí estuvieron los dos coordinadores legislativos del PRI, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón; la exjefa de Gobierno del DF, Rosario Robles; el exsecretario de Hacienda Pedro Aspe; los gobernadores Roberto Borge, de Quintana Roo; César Duarte, de Chihuahua; Javier Duarte, de Veracruz; Carlos Lozano, de Aguascalientes; Fausto Vallejo, de Michoacán; Manuel Velasco, de Chiapas, así como los exgobernadores del Estado de México Alfredo del Mazo, tío de Enrique Peña Nieto, y Emilio Chuayffet.

 Muchos asistentes destacaron el “gran poder de convocatoria” de Carlos Salinas de Gortari, pero también advirtieron las ausencias más notables: no estaba ninguno de los integrantes del llamado “primer círculo” del presidente electo, Enrique Peña Nieto, que ese día culminaba su gira por Centro y Sudamérica, y tampoco ninguno de los colaboradores o futuros integrantes del gabinete peñista que están vinculados con el expresidente Ernesto Zedillo.


Salinas no se perdió ningún detalle de quienes llegaban a la fiesta, a través de la calle León Felipe de San Ángel. Cuando su mesa de alrededor de 150 asientos no se ocupó por completo, dio instrucciones para que algunos de los invitados de las mesas contiguas se sentaran en la “herradura del honor”. 

Entre ellos, los empresarios Carlos Hank Rohn, cabeza del Grupo Hermes; Bernardo Quintana, de Grupo ICA; Fernando Garza Sada, de Grupo Vitro, y, en especial, los dos “nuevos amigos” de Enrique Peña Nieto: los empresarios Jaime Camil y Carlos Peralta. 

Ninguno de los directivos más importantes de Grupo Televisa ni de TV Azteca estuvo en el convivio. La hija de Ricardo Salinas Pliego, Ninfa Salinas, senadora recién elegida, acudió a dar los saludos de la familia. Y de los ministros de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero también estuvo presente.


La columna Templo Mayor del periódico Reforma destacó en su edición del 24 de septiembre que quien recibió “casi tantos abrazos y felicitaciones como el novio fue el general Moisés Augusto García Ochoa, como si ya portara la cuarta estrella que usan sólo los secretarios de la Defensa Nacional”. 

El “hermano incómodo” Raul Salinas de Gortari estuvo en la celebración, acompañado de su atractiva pareja Ana Cecilia, así como el abogado Juan Collado y su esposa, la actriz Yadhira Carrillo, entre otros amigos y colaboradores del exmandatario. 

De la administración saliente de Felipe Calderón destacó la presencia del director general de Pemex, Juan José Suárez Coppel, pero otros tomaron nota de la ausencia de Liébano Sáenz, excolaborador de Ernesto Zedillo al que algunos integrantes del grupo peñista ubican como el futuro director de la paraestatal más importante del país.

Otro personaje presente en la ceremonia fue José Córdoba Montoya, el poderoso jefe de la Oficina de la Presidencia durante el sexenio de Salinas y artífice de la propuesta peñista para disminuir los diputados plurinominales en el Congreso y restablecer la “cláusula de gobernabilidad”.

Tanto a Córdoba Montoya como a Pedro Aspe, tutor y socio de Luis Videgaray, coordinador general del equipo de transición peñista, se les considera como los dos “cerebros” más importantes y cercanos a las propuestas de Peña Nieto.
 

La disputa entre expresidentes
 

El recelo entre Salinas y Zedillo no es nuevo, pero se ha recrudecido en vísperas de la integración del equipo y del proyecto de gobierno de Enrique Peña Nieto, quien contó con el apoyo de ambos exmandatarios, aunque sólo se deslindó públicamente del primero. 

“Carlos Salinas no está detrás de mí. En esto he sido muy enfático: no lo está ni es mi asesor ni colabora con tu servidor. Insisto: la única relación es de respeto y cordialidad, tal como la tengo con todos los expresidentes de México y la procuro”, expresó Peña Nieto a Carlos Loret de Mola el 4 de marzo de 2011. 

La misma declaración la repitió en varias ocasiones como mantra durante la campaña electoral de 2012, mientras que tanto Salinas como Zedillo manifestaron su apoyo al exgobernador del Estado de México. 

En enero de este año, durante el encuentro con directivos de bancos y representantes de compañías españolas de energía en el Foro de Davos, Suiza, Ernesto Zedillo externó su apoyo al exgobernador mexiquense, según declaró Luis Videgaray. 

Salinas ha sido el más insistente en atacar a su sucesor, Ernesto Zedillo, a quien claramente ha acusado de ser el responsable de la crisis económica desatada en diciembre de 1994 y de encabezar el grupo de “los neoliberales”.


En su obra La década perdida 1995-2006, Salinas acusa a Zedillo de desviarse del proyecto original de su gobierno (1988-1994), y en su más reciente libro, ¿Qué hacer? La alternativa ciudadana, le atribuye a su sucesor una alianza con el “neopopulismo autoritario” encabezado por Andrés Manuel López Obrador. 

Este es el diagnóstico de Carlos Salinas en los primeros párrafos de su capítulo 6, Neoliberales y populistas: el tiempo perdido: 

“Para entender las condiciones actuales del entorno nacional, conviene que los ciudadanos organizados conozcan la crónica de los desvíos y abusos ocurridos en el país entre 1995 y 2006, años conocidos como ‘la década perdida’ y desde los que el neoliberalismo (Zedillo y Fox) y el neopopulismo autoritario (López Obrador) han dominado el panorama nacional. 

“En el trienio 1995-1998 la política nacional sufrió un viraje de consecuencias funestas. Ahora, cuando inicia la segunda década del siglo XXI, la nación enfrenta las graves consecuencias de las políticas neoliberales de Ernesto Zedillo y Vicente Fox, así como los desastrosos resultados del neopopulismo autoritario que en la Ciudad de México encabezó Andrés Manuel López Obrador. Combinados, neoliberalismo y neopopulismo, frenaron el proceso de modernización del país.”

En la página 107 del mismo libro, Salinas construyó el complot perfecto, citando un artículo del periodista Pablo Hiriart: La alianza táctica Zedillo-López Obrador. Unas páginas después, lanza contra el primero el auténtico ataque: el 16 de septiembre de 2011, los deudos y víctimas de la matanza de Acteal acusaron a Ernesto Zedillo por “crímenes contra la humanidad” en una Corte de Estados Unidos. 

Salinas demostró no sólo tener información privilegiada, sino anticiparse al escándalo que meses después generaría la demanda en contra de Zedillo interpuesta por seis hombres y cuatro mujeres, presuntos sobrevivientes de la masacre ocurrida en diciembre de 1997, representados por el despacho de abogados Rafferty, Kobert, Tenenholtz, Bounds & Hess, con sede en Miami, Florida.


Durante prácticamente un año, Zedillo mantuvo silencio y evitó hacer declaraciones públicas. En paralelo, sus abogados solicitaron a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y al Departamento de Estado estadunidense otorgar inmunidad al expresidente mexicano ante la demanda presentada en la Corte federal de New Haven, Connecticut. Desde noviembre de 2011, la cancillería mexicana inició el trámite de solicitud a favor de Zedillo. 

El gobierno de Estados Unidos le otorgó la inmunidad el viernes 7 de septiembre de 2012, prácticamente un año después de que Salinas y el periódico La Razón revelaran la demanda civil contra Zedillo, que incluía el pago de una indemnización por 50 millones de dólares.

Los abogados de Zedillo solicitaron desde enero de 2012 la opinión del gobierno estadunidense sobre la inmunidad, argumentando que esa demanda sólo buscaba “difamar” a su cliente y que el exmandatario mexicano gozaba del derecho de inmunidad para soberanos extranjeros, establecido en Estados Unidos desde 1976. 

El 10 de septiembre Zedillo rompió el silencio y calificó como “falsa y calumniosa” la querella en su contra y advirtió: “responderé en consecuencia ante las autoridades pertinentes”. 

“Las acusaciones de la demanda no son sólo falsas, sino calumniosas”, afirmó en un mensaje publicado en el diario Yale Daily News, de la universidad donde Zedillo dirige el Centro de Estudios para la Globalización. 

Las reacciones en contra de la decisión de otorgar inmunidad a Zedillo fueron diversas, pero destacaron las críticas del obispo de Saltillo, Raúl Vera López –quien era obispo coadjutor en San Cristóbal de las Casas cuando se perpetró la masacre de 45 indígenas el 22 de diciembre de 1997–, las del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas y las del exómbudsman capitalino Emilio Álvarez Icaza. 

Vera López, quien antes había sugerido que detrás de la demanda contra Zedillo podría estar la influencia de Carlos Salinas de Gortari, afirmó el 10 de septiembre que la inmunidad era “terrible”, porque Zedillo “se libra de la justicia por el poder político, no por el lado de la justicia o porque se le absolvió”. 

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas afirmó que conceder inmunidad a Zedillo “implica violaciones al derecho internacional de los derechos humanos y tendrá como resultado proteger y encubrir a responsables de crímenes de lesa humanidad”. El mismo centro se deslindó también de la demanda interpuesta, aclarando que ni ellos ni los integrantes de la organización Las Abejas, víctimas de los enfrentamientos ocurridos en diciembre de 1997, utilizarían la masacre para fines políticos o económicos. 

Álvarez Icaza, en su condición de recién elegido secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, recordó que la tendencia en todo el mundo en materia de violaciones o crímenes de lesa humanidad es investigar a quienes son o fueron mandatarios. 

Las redes de Zedillo 

La poderosa red de relaciones construidas por Carlos Salinas antes, durante y después de su sexenio sólo es comparable con la presencia de Ernesto Zedillo en multitud de organizaciones internacionales, pero también en medios de comunicación mexicanos y extranjeros.

Zedillo es director del Centro para el Estudio de la Globalización, en Yale; consejero asesor en la Iniciativa para el Diálogo Político (IPD) de la Universidad de Columbia; asesor del Instituto Internacional de Economía; becario visitante del Centro para el Estudio del Gobierno Global, y miembro del Club Madrid y del Consejo Interacción. 

Además, participa en una decena de consorcios industriales y financieros como consejero. En 2011 se integró a Citigroup, fue consejero de Union Pacific, la trasnacional que se quedó con las concesiones de Ferromex, y también ha aparecido desde 2000 en los consejos de administración de trasnacionales como Procter & Gamble, compañía que comercializa unas 300 marcas de productos en 140 países; Alcoa, empresa estadunidense con maquiladoras en la frontera México-Estados Unidos; Electronic Data Systems (ESD), fundada por el multimillonario Ross Perot; Coca Cola Company y Daimler Chrysler, firmas en las que ha aparecido como asesor. 

Zedillo también mantiene presencia e influencia en consorcios mediáticos, de manera más eficaz aunque menos visible que Salinas de Gortari. El 27 de noviembre de 2010 se incorporó como uno de los siete nuevos consejeros independientes de Grupo Prisa, el mayor consorcio editorial y de medios de comunicación en España, propietario de la cadena de televisión de paga Digital Plus, y socio de Televisa en Radiópolis. 

Los multimillonarios Bill y Melinda Gates impulsaron a Ernesto Zedillo como consejero para el Programa de Desarrollo Global de la fundación que lleva el nombre del creador de Microsoft. Gates posee desde 2010 el 5% de las acciones de Grupo Televisa, a través del fondo de inversiones Cascade Investments. 

Las redes de Zedillo se extienden, por supuesto, hasta Televisa. Desde 1997, año de la muerte de Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, Zedillo, como presidente, apoyó al heredero Emilio Azcárraga Jean para que quedara como director y presidente del consorcio. No sólo eso. La operación de saneamiento financiero y bursátil de Televisa se realizó con el aval zedillista. Algunos personajes importantes de este proceso trabajaron en su administración. Por ejemplo, Salvi Folch Viadero, actual vicepresidente corporativo de Administración y Finanzas del grupo, fue vicepresidente de Supervisión Bursátil de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Desde esa posición apoyó la recomposición accionaria de Televisa para que Azcárraga Jean se quedara con más de 50%. 

Algunos de sus excolaboradores estuvieron en el gobierno de Felipe Calderón, como Luis Téllez, exsecretario de Comunicaciones y Transportes y actual presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, y Javier Lozano, exsecretario del Trabajo que ahora presidirá la Comisión de Comunicaciones y Transportes en el Senado de la República.

*Tomado de la revista Proceso.

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