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lunes, septiembre 12, 2011

El tercer García: Amigo de bandas y capos...*




Tomados de La Jornada, Helguera y Rocha y El Universal, Helioflores.


Ricardo Ravelo

El martes 6 al filo del mediodía, siete balas segaron la vida de Javier García Morales, un controvertido político y empresario de estirpe priista. Nieto del general Marcelino García Barragán e hijo del exdirigente del PRI Javier García Paniagua, a García Morales siempre lo cubrió la sombra del narco, pues desde los noventa la DEA mencionaba su nombre y documentaba sus andanzas con capos como Amado Carrillo y Juan José Esparragoza, aunque la PGR y la Secretaría de la Defensa nunca hicieron nada por investigarlo. Siempre lo cobijó su prosapia familiar y aun política.

Aun cuando tenía fama de benefactor social y de ser “buen amigo con sus amigos”, a Javier García Morales, asesinado el martes 6 en Guadalajara, Jalisco, la Procuraduría General de la República (PGR) le abrió varios expedientes en los que se le vinculaba con capos de la droga emblemáticos y con actividades relacionadas con el tráfico de enervantes.
Nunca fue llamado a cuentas, pese a que algunos informes de la dependencia elaborados en el sexenio de Ernesto Zedillo y otros procedentes de Estados Unidos daban cuenta de sus reuniones con Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, y Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, quienes antes de 2001 eran capos del poderoso cártel de Juárez.
Proveniente de una estirpe de políticos de la llamada “vieja guardia”, García Morales supo usar las amplias relaciones tejidas por su abuelo, Marcelino García Barragán, y por su padre, Javier García Paniagua.
Marcelino fue secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz; Javier, el hijo de Marcelino, fue subsecretario de Gobernación, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en esa misma secretaría, presidente nacional del PRI, secretario de Estado y fuerte aspirante presidencial en las postrimerías del gobierno de José López Portillo.
Nacido en 1958 en Colima, desde muy joven García Morales protagonizó escándalos por sus nexos con bandas y sus andanzas en el mundo del hampa. Siempre lo negó. Decía que eran comentarios difamatorios y explicaba que él se dedicaba a las actividades agrícolas –y políticas–, pero no al narcotráfico.
Unas de las primeras referencias sobre sus vínculos con la delincuencia datan de los ochenta, cuando su padre era subsecretario de Gobernación y Miguel Nazar Haro era el poderoso jefe de la DFS.
En ese tiempo desde el gobierno se cometieron los más brutales excesos: desapariciones hasta ahora no aclaradas, asesinatos, extorsiones, secuestros, robo de autos. En no pocas ocasiones a los agentes de la DFS se les implicó en la protección a narcotraficantes, cuyo negocio despuntaba ya en aquellos años.
En el libro Los años sucios, Rafael Rodríguez Castañeda, actual director de Proceso, documentó la negra historia de la DFS y el poder que ejercían los mandos de la llamada “policía política” del régimen priista. La investigación periodística incluye un dato contundente: en los ochenta Javier García Morales fue agente de esa corporación (Proceso 634).
En esos años, dice, estuvo relacionado con una banda dedicada al tráfico internacional de autos robados. Rodríguez Castañeda menciona esa historia, que llegó hasta Estados Unidos, donde se le encargó a Thomas J. Summers, agente del FBI que tenía 10 años trabajando en esa corporación, investigar las operaciones de compraventa de vehículos robados en el sur de California.
Summers trabajó de manera encubierta y en todos los documentos oficiales del FBI se le conoció como CI, a fin de protegerlo de probables represalias. La investigación pronto se robusteció con datos y evidencias, sostiene el autor del volumen:
“En abril del 82, cuando presentó su testimonio ante el Gran Jurado para solicitar la aprehensión de Nazar Haro, Summers dio pormenores del operativo que permitió a la banda robar y contrabandear alrededor de 4 mil 800 autos en una actividad que inició a principios de 1975.”
El libro también incluye el testimonio de Summers:
“La primera pista sobre la posible injerencia de la Federal de Seguridad nos la dio CI el 21 de febrero de 1981. Nos dijo que un agente mexicano, de nombre Gilberto Rodríguez, cruzaba la frontera para recibir autos robados de un tal Gilberto Peraza Mayén. La operación venía de tiempo atrás. Peraza Mayén, en la práctica, hacía una especie de trabajo por pedido. Viajaba a México, a Tijuana, donde tenía su casa, inclusive hasta el Distrito Federal, recibía órdenes de funcionarios mexicanos de conseguir determinados autos, casi siempre nuevos y lujosos, y después él y su banda se encargaban de robarlos en el área de California y transportarlos.”
En 1981 y 1982 García Morales estuvo inmerso en este entramado criminal. En esos años su padre y Nazar Haro, agente de la DFS, lo cobijaron. Nunca fue aprehendido a pesar de sus presuntos vínculos con actividades delictivas.
García Morales hacía los pedidos de los autos lujosos para que fueran robados por Peraza Mayén a fin de introducirlos posteriormente a México, en particular a Guadalajara, asienta el libro:
“El 5 de mayo del 81 Peraza robó cuatro vehículos: un Plymouth Trail 1981 Duster; un Maserati 1979, un Ford Bronco 1980 y un tráiler Winnebago 1980. Habían sido pedidos por los agentes Ricardo Rodríguez, Santiago Torres, Marín Abranbide y Javier García.”
En las investigaciones sobre la red de agentes vinculada con el robo de autos se menciona a un personaje de apellido Montoya, uno de los informantes de Summers (CI) y del FBI.
Dice el libro: “El agente especial (Montoya) y CI observaron a los agentes de la DFS, armados, pagar a Peraza por los vehículos, al mismo tiempo que el propio Montoya y CI informaron después al FBI que los vehículos llegaron sin novedad a su destino, en Guadalajara, México…”.
Vínculos con el narco

El nombre de Javier García Morales también se menciona en el expediente criminal que, en los noventa, integró la PGR contra el cártel de Juárez (el Maxiproceso). En él se vincula a García Morales con los capos Carrillo Fuentes y Gabino Uzeta Zamora, medio hermano de Manuel Salcido Uzeta, El Cochiloco, sicario del cártel de Guadalajara que tuvo su etapa de esplendor en los ochenta y parte de los noventa.
El joyero Tomás Colsa McGregor, quien se hizo famoso entre los capos pues solía venderles collares, brazaletes y todo tipo de alhajas para sus novias, menciona que García Morales asistía con asiduidad a las fiestas que organizaban los narcos.
En una de sus declaraciones (AP DCGD/CGI/008/97), Colsa McGregor señala que en 1982 tuvo su primer contacto con Uzeta Zamora. Según él, ocurrió por intermediación de García Morales:
… Lo conocí en una fiesta que organizó Javier García Morales en Guadalajara y ahí me enteré de sus andanzas en el negocio del narcotráfico bajo el alias de Sergio Sánchez Ramos. En otras fiestas me enteré cómo se protegía a los narcotraficantes y la protección la otorgaban personas que también conocí como Adolfo Mondragón Aguirre, Guillermo González Calderoni, Miguel Silva Caballero, El Chico Changote, Adrián Carrera Fuentes…
Colsa, quien se acogió al programa de testigos protegidos y posteriormente fue asesinado, mencionó otra fiesta en la que, dijo, conoció a Amado Carrillo Fuentes; también comentó que el 25 de marzo de 1986 se encontraba en su casa de Guadalajara cuando sonó el teléfono. Al levantar el auricular escuchó una voz masculina que lo alertó:
–Salte rápido, va por ti un grupo de militares.
Fue un capitán del Ejército de apellido Vega quien dio el pitazo a Colsa, según declaró ante el agente del Ministerio Público que lo interrogó. Dijo que salió de su domicilio acompañado de dos amigos: el narcotraficante Othón Camarena y Javier García Morales; también, que llevaba consigo 5 millones de dólares en alhajas y moneda estadunidense.
Me escondí en la suite Margaritas, ahí me refugiaba con frecuencia por recomendación de García Morales, y él me pagaba las cuentas.
En otra declaración (AP PGR/UEDO/067/98) Colsa aludió a una reunión a la que asistieron Amado Carrillo Fuentes, así como los generales Arturo Acosta Chaparro y Humberto Quirós Hermosillo, y Javier García Morales.
En total, expuso, estuvieron en esa reunión 16 personas y se discutió sobre “la bajada” de aviones en territorio nacional, así como de la estructura financiera de los negocios de los capos.
A pesar de los señalamientos que lo implicaban en el narcotráfico, la PGR nunca detuvo a García Morales ni lo citó a declarar. En septiembre de 2000, un mes después del arresto de los generales Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro, acusados de brindar protección a los capos del cártel de Juárez y de participar en la llamada Guerra sucia de los setenta y ochenta, el nombre García Morales aparecía entre los de los personajes buscados por la PGR.
Tras la captura de los militares, la procuraduría comenzó a investigar a García Morales por sus presuntos nexos con el cártel de Juárez y con los dos generales, pero los órganos de inteligencia nunca dieron con el nieto de Marcelino García Barragán. Se dijo entonces que García Morales había huido del país.
Ese mismo año, agentes de la PGR, encabezada por Antonio Lozano Gracia, elaboraron un informe sobre García Morales que daba cuenta de sus negocios, andanzas y relaciones con gente del hampa. El documento señalaba que él “participaba en el tráfico de cocaína colombiana a los Estados Unidos”. Mencionaba también sus presuntos nexos con Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, y que permitía que aviones presuntamente cargados con cocaína aterrizaran en algunas de sus propiedades.
Años antes, en 1997, el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, zar antidrogas de aquella época, fue arrestado por sus presuntos vínculos con Amado Carrillo Fuentes, así como por recibir dinero del capo para golpear a los cárteles rivales.
En una de sus declaraciones, Gutiérrez Rebollo acusó a Fernando Velasco Márquez, suegro del entonces presidente Ernesto Zedillo, de estar vinculado con el narcotráfico. Velasco declaró: “Investiguen a Javier García Morales”.

Primeros señalamientos

En sus indagatorias sobre las andanzas de García Morales, la PGR descubrió que en junio de 1994 el hijo del jalisciense Javier García Paniagua intentó conseguir un pasaporte con un nombre falso: Sergio Sánchez Ramos.
Agentes de la procuraduría redactaron un informe en el que expusieron que en los terrenos de García Morales aterrizaban aviones procedentes de Colombia cargados de cocaína. De acuerdo con el documento, “una de esas pistas mide más de mil 800 metros y se encuentra frente al hotel Tehuán, cercano a San Patricio Melaque, Jalisco; la otra propiedad se localiza en Tuxpan, en el mismo estado”.
Según los agentes, en sociedad con Gilberto Gutiérrez, García Morales manejaba un negocio llamado Bazar, en el que vendía objetos de arte vaciados en bronce que adquiría en Asia. En 1997, dice el reporte, la tienda tenía una sucursal en San Antonio, Texas.
“De acuerdo con reportes policiacos, Gutiérrez mantuvo negocios con el cártel de Cali, encabezado por los hermanos Rodríguez Orejuela y, por otra parte, existe gran rumor de que por la ciudad de Guadalajara los narcos están introduciendo gran cantidad de heroína negra de Asia por medio de diferentes maneras, una sería por el hueco de las obras de bronce, en las pinturas, etcétera”, señalaban los agentes que elaboraron el documento.
“Además, al señor Gilberto Gutiérrez se le ha relacionado (…) con la introducción de cocaína de Sudamérica a México con ruta final en Estados Unidos”. Relataban que García Morales ingresaba a Estados Unidos con el alias de Samuel Contreras Aguirre; incluso abrió cuentas bancarias y adquirió un Mercedes Benz en ese país con esa identidad.
En 1999, dos años después de la muerte oficial de Amado Carrillo Fuentes, la DEA y la PGR revelaron que el nuevo jefe del cártel de Juárez era Horacio Brunt Acosta, y que se le habían unido Vicente Carrillo, Juan José Esparragoza y Jesús Palma Salazar, entre otros.
Los informes de inteligencia de la DEA aportaron un dato medular: que entre los colaboradores de Brunt Acosta estaban García Morales e Ignacio Nacho Coronel, quienes operaban desde el estado de Colima, tierra natal del segundo de ellos.
Otro dato del informe de la PGR de 1997 pinta de cuerpo entero al priista García Morales: “Siempre anda armado… le fue encontrada una pistola calibre .45 por la Policía Judicial Federal en el punto de revisión carretero, junto con una credencial expedida por la Secretaría de la Defensa Nacional de la época del general (Antonio) Riviello Bazán, siendo remitido a la delegación de la PGR la persona, el arma y la credencial, pero al llegar a la delegación, el Ministerio Público lo dejó libre por instrucciones de sus superiores”.
Y aun cuando la Secretaría de la Defensa Nacional conoció los pormenores de los presuntos vínculos de García Morales con Amado Carrillo y otros capos del cártel de Juárez y de que su nombre aparece en informes y expedientes de la PGR, ninguna de las dos dependencias lo citó a declarar ni lo persiguió.
El martes 6, al acudir a una cita en un café de Guadalajara, el hijo de Javier García Paniagua fue ejecutado de siete balazos. Murió como vivió: cobijado por la impunidad.

*Tomado de la revista Proceso.

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