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jueves, febrero 11, 2010

Los "pandilleros" de Calderón*













Tomados de La Jornada, Hernández, El Fisgón, Helguera y Rocha y El Universal, Helioflores.


José Gil Olmos

MÉXICO, D.F., 10 de febrero (apro).- No hace mucho tiempo, quizá unos 20 años, Ciudad Juárez era la promesa de la aventura neoliberal de México. Vergel de las maquiladoras, fue la ilusión para miles de desempleados de todo el país que llegaron a buscar el sueño del bienestar en medio de las tierras yermas.

Vieja puerta fronteriza que se fundó desde 1659 como la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, Ciudad Juárez arrastra una historia propia, siempre ligada a la historia nacional. Desde la época de la Reforma juarista hasta la revolucionaria, incluso en la etapa de la guerrilla de la década de los setenta, los juarenses han estado presentes.

Desde esos años hasta la actualidad, Ciudad Juárez no ha tenido la atención que merece y hoy se encuentra en un estado de emergencia por el nivel de violencia que padecen sus habitantes y, sobre todo, la generación de jóvenes que nacieron de esos inmigrantes y que sufren la pesadilla de vivir en la ciudad más peligrosa del mundo.

Ciudad Juárez, o simplemente Juárez, concentra lo más terrible de su historia reciente en dos sustantivos que ahí han nacido en medio de la tragedia: los “feminicidios” y ahora los “juvenicidios”.

Abandonada a su propia suerte, expoliada por autoridades y empresarios, olvidada después del enorme fracaso de las maquiladoras que fueron el alma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, Juárez quedó expuesta para que el crimen organizado creciera y se fortaleciera en sus calles, hasta convertirse en el verdadero poder.

Los juarenses son víctimas de la desatención de los últimos gobernantes del estado que no invirtieron en escuelas, bibliotecas, servicios urbanos, transporte, drenaje, calles, luz pública y seguridad como lo requería esa urbe en crecimiento, y que dejaron que las bandas criminales la convirtieran en su centro de operaciones, en su reino de impunidad.

Al gobernador del PAN, Francisco Barrio, le reventó en las manos el problema de los asesinatos de las mujeres y no lo enfrentó con la fuerza que se requería.

Fue Barrio quien prometió a los chihuahuenses y a los juarenses un mejor horizonte cuando daba aquellos cursos de neurolinguística en su equipo de gobierno y que quiso implementar en las aulas. Con los años ese paraíso se convirtió en infierno y ese mismo problema del feminicidio sigue sin resolverse.

Puerta fronteriza, porosa por obra y gracia de la corrupción, las bandas del crimen organizado (narcotráfico, tráfico de personas y de órganos, de armas y de autos) tomaron como suya la ciudad y a su habitantes, como sus rehenes o sus braceros.

Muchos jóvenes han pasado a las filas del los cárteles de la droga que han extendido sus redes de poder en la escuelas y en los centros de trabajo, negocios grandes, medianos y pequeños; en los bares y cantinas… en las calles. Son distribuidores de droga, cobradores o “halcones”. Lo mismo da cuando no se tienen posibilidades de trabajo.

Los jóvenes que no entran al circuito del crimen organizado se convierten en víctimas de la violencia, como los 15 que fueron ejecutados el pasado 30 de enero a la media noche por un comando que, dicen, los confundieron con otra banda que trabaja para El Chapo, Joaquín Guzmán Loera.

Increíblemente desinformado, sin la menor sensibilidad que ha caracterizado a los gobernantes del PAN, desde Tokio, Japón, Felipe Calderón tildó de “pandilleros” a los jóvenes asesinados, descalificándolos y agraviando a sus familias.

De nada ha valido la estrategia de persecución militar y policial que ha aplicado Calderón para combatir el crimen organizado. Al contrario, ha provocado el surgimiento de más bandas que se dedican al tráfico de drogas y a la extorsión; de mayor violencia y del surgimiento de “comandos de la muerte” que actúan al amparo de la protección oficial.

Preso de sus propios errores, en su visita a Juárez seguramente Calderón ratificará su política de combate al narcotráfico encabezado por el Ejército y sólo le aderezará algunas acciones sociales para bajar el tono de las críticas que originó su calificativo de “pandilleros” a los 15 jóvenes asesinados.

Poco se puede esperar de Calderón para dar un viraje al timón en su visita a Juárez, cuando un día antes ha dicho que su estrategia de persecución militar al narcotráfico ha sido “incomprendida”, sin tomar en cuenta el aspecto social y de salud; cuando sostiene que la violencia no es producida por su gobierno, cuando ve en las críticas un intento de dividir el país.

El “juvenicidio” es la más reciente expresión de esta violencia generada en buena parte por la decisión de Calderón de mantener al Ejército al frente de una guerra perdida contra las drogas; y la indolencia del gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, al dejar al garete a Ciudad Juárez, donde reina la impunidad, la zozobra, el temor y el crimen organizado.


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Las razones de la renuncia de Gómez Mont*


Álvaro Delgado

MEXICO, D.F., 10 de febrero (apro).- El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, renunció hoy a más de tres décadas de militancia en el Partido Acción Nacional (PAN), a cuyo presidente, César Nava, no le reveló las razones “por discreción profesional”.

En la carta que le envió hoy a Nava, Gómez Mont le reitera su compromiso de tratar los asuntos que a ese partido le interesan, “y que correspondan en el ámbito de las atribuciones del cargo que ahora desempeño, con absoluta imparcialidad y apego a la ley, en los mismos términos que frente a todos los institutos políticos que forman el sistema electoral mexicano”.

Sin embargo, la renuncia de Gómez Mont al PAN y por tanto al Comité Ejecutivo Nacional se producen después de que hizo público su repudio a las alianzas electorales con los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, particularmente en la postulación de Gabino Cué como candidato a gobernador de Oaxaca.

De hecho, en la sesión de ayer del CEN expuso sus argumentos contra la alianza en Oaxaca y reveló, según integrantes de ese órgano partidista, que hace seis años fue abogado de Gabino Cué, quien entonces fue aspirante al gobierno de ese estado, y con quien sobrevino una ruptura por desavenencias profesionales.

Gómez Mont fue el primero de los oradores en la sesión del CEN en que se analizó la alianza de su partido con la izquierda y, al terminar, se marchó sin emitir su voto en contra de la coalición, que finalmente se aprobó sólo con la abstención del senador poblano Jorge Ocejo Moreno.

Militante desde que era adolescente por influencia de su padre, que fue fundador, Gómez Mont tomó la decisión presuntamente por no haber cumplido el pacto político que hizo con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para que éste apoyara aumentar los impuestos a cambio de que el PAN no estableciera alianzas con la izquierda.

La renuncia la dio a conocer la Secretaría de Gobernación a través de un comunicado emitido poco después de las 18 horas, en el que se establece que, “el día de hoy, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont Urueta, entregó al presidente de Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, César Nava Vázquez, su renuncia al Partido Acción Nacional en los términos que se especifican en la carta anexa”.

En dos párrafos, la carta que Gómez Mont envió a “don César” se establece:

“Por medio de la presente informo que debido a razones que me veo obligado a no revelar por discreción profesional, en este acto le presento mi renuencia al Partido Acción Nacional que usted encabeza”.

Después de que se distanció del PAN desde 1995, cuando se convirtió en asesor de Ernesto Zedillo, Gómez Mont se había incorporado a la vida partidista gracias a la invitación que le hizo Germán Martínez, en 2008, y a la muerte de Juan Camilo Mouriño, en noviembre de ese año, lo sustituyó como secretario de Gobernación.

Amigo íntimo y socio de Diego Fernández de Cevallos, compartió aulas con Felipe Calderón en la Escuela Libre de Derecho.

*Tomados de la revista Proceso.

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