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jueves, diciembre 25, 2008

Mujeres de Pasta de Conchos*

SARA LOVERA

A Norma Vitela, Elvira Martínez y Rosy Mejía

MEXICO, D.F., 23 de diciembre (apro).- Allá en el norte las cosas están hechas de otra manera. Los hombres se enfrentan al desierto y a grandes dificultades para transformar la naturaleza. No hay lluvias ni selva. Hay que horadar duro, profundo, constante. Las mujeres hacen tortillas de harina, cuidan la prole. Sacan con toda su fuerza la energía necesaria para construir sin agua, sin fe, a veces sin alegría.

Las horas de las mujeres son largas. Los hombres sudan bajo los socavones de las minas. Las mujeres no ven el horizonte. La tierra es gris y la lluvia de carbón lo llega a cegar todo.
La región carbonífera de Coahuila tiene su real riqueza en sus mujeres, que se levantan con el ritmo del turno que su marido tiene en la mina y se acuestan con el pulmón dolorido por las lavadas y las caminadas para ir por lo indispensable, porque ahí no hay transporte.
Es una región agreste, que ha dado a estas mujeres una capacidad inmensa para enfrentar la vida, la muerte. Se contabilizan más de 100 explosiones de minas y muchos muertos en un siglo. Ahí nunca se ha hecho justicia. Hay impunidad sistemática, desde todos los tiempos.
Por ello, me sorprendió que ahora, 34 meses después, o sea más de mil días y noches de angustia, desde la explosión en Pasta de Conchos, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de manera tardía y un poco ridícula, llegue a la conclusión que se sabe por todas partes, que conocen en todo el mundo, y que está profusamente documentada:

Los hechos del 19 de febrero de 2006, en los que murieron 65 mineros, por una explosión resultado de la omisión, el descuido y el crimen industrial, involucran a autoridades, al Ministerio Público, a las autoridades del Trabajo, al gobierno federal cómplice, al gobierno local encubridor y a las y los legisladores que no han podido evitar la explotación a cielo abierto del carbón y consienten un trabajo inhumano, el peor de todos.

La CNDH recibió datos, expedientes incontrovertibles, el autodiagnóstico elaborado por el órgano de control interno de la Secretaría del Trabajo. Al menos tiene la CNDH 10 quejas sustanciadas por el abogado de las viudas de Pasta de Conchos.

Doña Rosario Ibarra, recibió un enorme expediente, de unas 5 mil fojas, que le mandó al presidente de la CNDH.

Y nada, que hasta ahora, resulta, y bueno, tal vez no sea tarde para reconocer con sellos y mantas que la complicidad del gobierno con los multimillonarios empresarios de Industrial Minera México (IMMSA) ha hecho que en este país la vida no valga nada y el sufrimiento menos.

Aquí se destaca algo más allá, algo que dificultosamente se evalúa en este tipo de "luchas" y "demandas": hablo de las personas que van adquiriendo dignidad y se van dando cuenta de sus derechos, sin dogmatismo ni lealtades a ciegas. Este proceso de transformación en la conciencia y en el alma que transforma las vidas de quienes se ponen al frente de su propia vida.

La dignidad es como un dique para quienes pretenden "conducir" las luchas. O siguen humillando sin miramientos, sin capacidad ni generosidad; esos monstruos de un sistema que se deshumaniza por todas partes.

En las luchas, en las construcciones exitosas, y no digo nada nuevo, siempre hay esas alimañas que lo opacan todo con su dogmatismo. En Pasta de Conchos eso no ha podido penetrar, aunque existe, en esa fuerza indómita de un puñado de viudas y familiares, que parecen concentrar todo el dolor de la región, que hoy sangra por todas partes, donde ha desaparecido el río, donde hay maquinarias para explotar ahora el gas natural.

Como si no fuera suficiente el sufrimiento de una y otra generación, todavía hay funcionarios a lo que no le llega por ninguna parte la sensibilización. O a los que quieren salir en la nota periodística, o a los que se montan en el éxito y el talento de otras y otros para medrar en su beneficio, así sea sólo su vanidad.

En la región carbonífera, durante decenios, fue la corrupción y el abuso el signo. Y ahora, se abre una cortinilla de esperanza donde están todos y cada una de las actoras principales: viudas y madres.

Esas son las cosas que para el poder pierden sentido en un tiempo donde todo se hace vacío. Y a pesar de la impunidad, la falta de escucha, la incapacidad de las autoridades, la falta de unión en la pelea, lo que sucede con las mujeres de Pasta de Conchos hay que relatarlo, reiterarlo, sostenerlo, visualizarlo y, sobre todo, apoyarlo sistemáticamente, sin recelo.
Hoy tal vez esa dignidad que hace a las personas no admitir la humillación ni el aplastamiento hablan de que en Pasta de Conchos se haga justicia de la única manera que ellas lo entienden: rescatando los cuerpos de sus queridos esposos, de sus hijos, de sus padres que están en el lecho de la mina.

Y si eso sucede, hay que decir a los cuatro vientos que se debe a estas mujeres de la región carbonífera, que armaron una madeja en un largo proceso que hizo nacer a las nuevas. A Rosy Mejía al pie de la boca mina sin moverse; a Teresa Contreras buscando en las leyes; a Norma Vitela rompiendo todas las reglas de lo que se espera de las mujeres, y a Elvira Martínez, creyente y dignísima cristiana, y a muchas más que han tenido la fortaleza de decir su verdad y sostenerla.

Las noticias de esta semana son dos: la CNDH reaccionó con una recomendación, escuchó que se han tomado todas las medidas: expertos en minas de carbón que dijeron ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos que el rescate de los cuerpos es técnicamente posible y viable; relación con los equipos de trabajo de varios Relatores del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, quienes incluso las recibieron en sus oficinas en Ginebra, además de que cada vez más personas y organizaciones se unen a la exigencia.

La otra noticia, en la que no confío para nada, es que habrá una mesa técnica para rescatar los cuerpos de los mineros de Pasta de Conchos en 2009. En febrero se cumplirán tres años desde la tragedia. En enero, febrero, marzo y otros meses, los campos de Barroterán, Palau, Nueva Rosita, se llenan de flores y cruces. Se recuerdan todas las tragedias. Hoy la decisión es que en Pasta de Conchos no se haga historia fúnebre, sino de, por primera vez, con algo de justicia.

saralovera@yahoo.com.mx

*Tomado de la revista Proceso.