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lunes, diciembre 19, 2011

“Todos corremos peligro”*





Tomados de La Jornada, Hernández, Helguera y Rocha y El Universal, Helioflores.


José Gil Olmos
El martes 6 Marcial Bautista Valle y Eva Alarcón Ortiz viajaban en el autobús Estrella Blanca 2728 por la carretera que va de Petatlán a Chilpancingo cuando un grupo de hombres vestidos con uniforme militar detuvo el vehículo. Era la medianoche. Lo abordaron y fueron directamente hacia los dos activistas. Tras preguntarles sus nombres, les dijeron que era una “revisión de rutina” y dejaron que el autobús siguiera su camino.
Apenas avanzó un kilómetro, otros encapuchados armados obligaron al chofer a detenerse. Esta vez identificaron a Marcial y a Eva por sus nombres y los bajaron del autobús para meterlos a una camioneta que arrancó y se perdió en la oscuridad. Desde entonces nada se sabe de ellos.
Los dos fundaron en 1989 la Organización Campesina Ecologistas de la Sierra de Peta­tlán y Coyuca de Catalán, con el propósito de frenar la tala ilegal, cuidar el entorno ambiental, combatir los incendios forestales e impulsar con los habitantes de los dos municipios guerrerenses proyectos productivos autosustentables y de respeto a la naturaleza.
Marcial era secretario general y Eva la coordinadora de la asociación civil. Al principio el grupo lo conformaba un puñado de campesinos preocupados por la ecología; ahora sus asociados suman 130, y aun con escasos recursos e innumerables problemas recorren decenas de pueblos y comunidades de la sierra asolados por la pobreza, el analfabetismo, la guerrilla, el narcotráfico y los militares acuartelados en Petatlán.
A esta organización pertenecieron también Teodoro Cabrera y Rodolfo Montiel, igualmente detenidos por militares y encarcelados de manera injusta durante más de 11 años. Fueron puestos en libertad en junio pasado en cumplimiento de una sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. A los dos los defendió en su momento Digna Ochoa, quien murió el 19 de octubre de 2001 en circunstancias insuficientemente aclaradas.
Eva y Marcial recibieron amenazas hace año y medio, aseguran sus familiares, pero optaron por no darlas a conocer para no alarmar a la gente. Victoria Bautista, hija de Marcial, relata que su padre le dijo un día que estuvieran preparadas por si le ocurría algo.
Él, dice, era consciente de que en la zona habían incursionado bandas del crimen organizado y de la presencia de caciques coludidos con autoridades locales.
“Tocamos muchos intereses. ¿De quién? No lo sabemos”, le explicó Marcial a su hija de 25 años, titulada en ingeniería ambiental y encargada de los proyectos sustentables que impulsa la organización.
Esta situación llevó a los campesinos ecologistas a vincularse con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza Javier Sicilia. El 10 de septiembre último, durante la caravana del sur, Eva incluso participó en el mitin en el centro de Acapulco.
Desde el kiosco local habló sobre la defensa de la tierra, del medio ambiente y de los derechos humanos; también aludió al derramamiento de sangre en Guerrero a partir de la guerra desatada por la administración calderonista contra el crimen organizado.
A partir de entonces la agrupación comenzó a participar en el movimiento pacifista. De hecho, el miércoles 7 Eva y Marcial tenían una reunión con Emilio Álvarez Icaza en la Ciudad de México. Venían a platicar sobre los problemas que se viven en Petatlán. No llegaron a la cita.

Que no se pasen la bolita

Coral Rojas y Victoria Bautista crecieron juntas, casi como hermanas. Son hijas de Marcial y Eva, quienes las formaron en el respeto al medio ambiente, a la justicia y a la organización campesina ecologista. Por eso Coral estudia derecho, para defender a sus compañeros, dice. Victoria es ingeniera y está al frente de los proyectos ecológicos en la zona.
“Para eso nos educaron, para defender a la organización”, dicen casi al unísono en una entrevista realizada cuatro días después del levantón de sus padres.
Algunos testigos, según Coral, aseguran que Eva y Marcial iban vigilados desde que salieron de Petatlán.
–Sabían que iban en ese autobús, tenían toda la información sobre ellos y sus características. Salieron de Petatlán el martes 6 a las 11 de la noche y los secuestran aproximadamente a la una de la madrugada del día siguiente. Venían a la Ciudad de México a ver a Emilio Álvarez Icaza.
–¿Por qué la presencia de los militares?
–Eso es lo que no entendemos. ¿Por qué militares? No entendemos por qué se los llevaron. Queremos que el gobierno nos dé una explicación; ¿por qué se los llevaron? Estamos desesperadas, no tenemos noticias; queremos que las autoridades investiguen y nos den la información completa de qué fue lo que pasó.
El lunes 12 la Secretaría de la Defensa Nacional emitió un comunicado en el que se deslinda del plagio de Eva y Marcial y asegura que no desplegó ningún punto de control en la ruta que recorrió el autobús donde iban los dos ecologistas.
Cuatro días después, el comandante de la IX Región Militar con sede en Guerrero, Guillermo Moreno Serrano, informó que 24 agentes municipales y cuatro de la policía ministerial de Tecpan de Galeana fueron retenidos por soldados para ser investigados por la desaparición de los dos integrantes de la organización campesina ecologista.
Moreno Serrano expuso que desde que se supo de la desaparición de los activistas sociales se montó un operativo de vigilancia en toda la costa grande de la entidad.
Coral y Victoria insisten: algunos testigos afirman que fueron militares los que interrogaron al principio a Eva y a Marcial poco antes de que los encapuchados los levantaran. El sábado 10 incluso se reunieron en Acapulco con el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Ramón Almonte; con el secretario de Gobierno, Humberto Salgado, y con el delegado de la PGR, Iñaki Blanco, para exigirles la aparición de sus padres.
“Les dijimos que si nuestros padres están secuestrados, el tiempo es oro y esto no es un juego, pues son sus vidas (las que están en peligro). Así que les pedimos que no se pasaran la bolita; les dijimos que los íbamos a denunciar (si no lo hacían)”, comenta Victoria.
Dos días después ella y Coral se sentaron con el gobernador Ángel Aguirre Rivero en Chilpancingo, en los momentos en que dos estudiantes de la normar rural de Ayotzinapa caían asesinados por uniformados municipales.
–¿Qué les dijo el gobernador?
–Que estaban investigando… Esperemos que cumplan –responde Coral.
–¿Por qué creen que secuestraron a sus padres?
–Es lo que nos preguntamos. Nosotros nos dedicamos al cuidado del medio ambiente y no le hacemos daño a nadie, nuestras acciones son buenas. No sabemos a quiénes estamos afectando; si lo supiéramos, lo diríamos –asegura Victoria.
Ella insiste en la indolencia de las autoridades estatales, sobre todo porque no se han movilizado, a pesar de que hay información acerca de los grupos que actúan en la zona.
–Es una zona conflictiva…
–Sí. Hay muchos intereses y nuestra organización está en medio.
–¿Ustedes, como familiares, se sienten en riesgo?
–¡Claro! Estamos corriendo riesgos. A nuestros padres les está pasando lo mismo que a los demás integrantes del Movimiento por la Paz; todos corremos peligro porque estamos gritando lo que está pasando.
Dice que ella, Coral y los integrantes de la organización conocen perfectamente la región, sus caminos y sus brechas. E insiste en que hasta el momento no han percibido que tengan a sus padres en la montaña. “Por eso decimos que están vivos”, confía.
Victoria y Coral aseguran que los soldados siempre están ahí, pues tienen una base en Petatlán: “Ellos hacen su trabajo, al igual que nosotros, aunque tenemos misiones muy diferentes. Lo que queremos es que nos dejen trabajar con el medio ambiente, nada más. Nosotros sólo nos dedicamos al cuidado del medio ambiente”, puntualiza Coral.
Y recapitula sobre su quehacer ecológico. Dice que aun cuando la organización ha vivido tiempos difíciles, nunca se había topado con un riesgo mayor. Y resume: “Hoy nos vemos afectados por la delincuencia organizada y, como todos los del Movimiento por la Paz, vivimos envueltos en esta situación social de violencia. Por eso el riesgo es mayor que antes”.

*Tomado de la revista Proceso.

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