progressif

lunes, noviembre 14, 2011

El equipo antinarco, diezmado*






Tomados de La Jornada, Hernández, Helguera y Rocha y El Universal, Helioflores y Naranjo.


Jorge Carrasco Araizaga

Con la muerte de José Francisco Blake, el presidente Calderón perdió a una pieza importante en su guerra obsesiva contra el narcotráfico. Más que cumplir con el control y manejo de la política interna, el secretario de Gobernación se dedicó a defender la estrategia de seguridad implantada por el mandatario.

La muerte del secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, encargado de coordinar al gabinete de seguridad nacional, representa otra sensible baja del gobierno de Felipe Calderón en su guerra contra el narcotráfico.

Por segunda vez en tres años, Calderón se quedó sin operador en el gabinete responsable de su principal política de gobierno, aun cuando Blake Mora, en su año cuatro meses como titular de Gobernación, quedó muy lejos de ser el principal funcionario civil en darle cara a la delincuencia organizada.

Además de sus funciones, tenía el cargo de secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), instancia en la que los principales colaboradores civiles y militares de Calderón han definido las acciones contra los cárteles del narcotráfico.

Más que ejercer liderazgo en la estrategia contra el narcotráfico desde el segundo cargo gubernamental más importante del país, Blake Mora hizo de la dependencia a su cargo la principal defensora de la política de seguridad de Calderón, especialmente ante los familiares de las víctimas de esa guerra.

De su falta de oficio en materia de seguridad quedó constancia cuando fue secretario de Gobierno en su natal Baja California, entre 2007 y 2009, en el gobierno de José Guadalupe Osuna Millán.

Según dio a conocer el semanario Zeta, de Tijuana, en su edición posterior al nombramiento de Blake Mora como secretario de Gobernación, cuando era funcionario estatal decidió contratar al policía sinaloense Iván Ortega Colmenares para combatir los secuestros en la entidad, a pesar de que esa era una atribución de la Procuraduría General de Justicia del estado.

Conocido como el comandante Simón, Ortega Colmenares se había destacado en el gobierno de Juan S. Millán, en Sinaloa, por reducir los índices de secuestro en el estado. Lo que desestimó Blake Mora fue la mala fama de ese policía por actos de corrupción.

Cuando las andanzas del policía trascendieron a la opinión pública bajacaliforniana, el secretario de Gobierno tuvo que prescindir de sus servicios.

Con la muerte de Blake Mora, ya son cuatro los secretarios de Gobernación que Calderón pierde en el CSN. Dos de ellos por accidentes y dos por manotazo presidencial: Juan Camilo Mouriño y Blake Mora, y Francisco Javier Ramírez Acuña y Fernando Gómez Mont, respectivamente.

Los cambios de Calderón en la máxima instancia gubernamental de seguridad nacional han sido incesantes. No sólo en la Secretaría Ejecutiva del CSN, sino también en su Secretaría Técnica.

Por esta oficina, encargada de poner en marcha los acuerdos del consejo y que depende directamente de la Presidencia de la República, han pasado cinco funcionarios, prácticamente uno por año. Todos han sido removidos por decisión de Calderón.

La Secretaría Técnica maneja desde Los Pinos toda la información generada por el Consejo de Seguridad Nacional, incluido el inventario de la infraestructura estratégica del país.

Calderón también ha cambiado en dos ocasiones al titular del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Concebida como la principal agencia de seguridad del Estado mexicano, depende de la Secretaría de Gobernación. Empezó el sexenio con Guillermo Valdés Castellanos al frente de este organismo, y apenas en septiembre pasado designó como su director a Alejandro Poiré, exvocero de seguridad.



Bautizo de fuego



La llegada de Blake Mora como responsable de la política interior del país, en julio del año pasado, estuvo marcada por la violencia. Tan sólo en sus primeros cinco días de despacho en el Palacio de Covián, se registró cerca de medio centenar de asesinatos en Ciudad Juárez, Torreón y Cuernavaca. Entre éstos las muertes ocasionadas por el estallido de un coche bomba en Juárez. Se trató de la primera acción de este tipo por parte de la delincuencia organizada en la guerra iniciada por Calderón.

De acuerdo con la Ley de Seguridad Nacional, el CSN está integrado por el titular del Ejecutivo Federal, los secretarios de Gobernación, Defensa Nacional, Marina, Seguridad Pública, Hacienda y Crédito Público, así como de la Función Pública, Relaciones Exteriores y de Comunicaciones y Transportes. También están el titular de la Procuraduría General de la República y el director del Cisen.

Las principales funciones recaen en el titular del Ejecutivo, quien preside el CSN, y el secretario de Gobernación, como secretario ejecutivo.

En esa función, Blake Mora se encargaba de la coordinación y funcionamiento del consejo, además de que podía realizar convenios y definir las bases de colaboración acordadas por esos funcionarios con instancias nacionales o en el extranjero.

Las mismas tareas realizó Juan Camilo Mouriño, segundo secretario de Gobernación calderonista. Al igual que éste, Blake Mora falleció en las inmediaciones de Chalco por la caída de la aeronave en que viajaba.

Como responsable de los convenios del Consejo de Seguridad Nacional se hizo cargo, el mes pasado, de la puesta en marcha de los operativos federales de seguridad en Veracruz, Guerrero y La Laguna, región que abarca los estados de Coahuila y Durango.

En Veracruz y La Laguna las acciones gubernamentales se realizan sobre todo contra el cártel de Los Zetas, mientras que en Guerrero, particularmente Acapulco, el operativo se dirige a combatir a los grupos formados a raíz de que se atomizó la organización de los hermanos Beltrán Leyva, enemigos declarados del cártel de Sinaloa y su principal jefe, Joaquín El Chapo Guzmán.

A diferencia de su antecesor, Fernando Gómez Mont, Blake Mora fue menos estridente hacia los cárteles de la droga y grupos de delincuencia organizada. Su declaración más fuerte contra los narcotraficantes la hizo el pasado 4 de octubre.

En el anuncio de Veracruz Seguro advirtió: “Quienes traten de hacer justicia por su propia mano o invadir al Estado en alguna de sus funciones intransferibles, se convierten en delincuentes y el gobierno les aplicará el peso de la ley”.

Blake Mora salió así al paso de la masacre ocurrida en Veracruz el 20 de septiembre pasado y el reto lanzado por sus perpetradores. Ese día, 35 cuerpos fueron arrojados en Boca del Río, en una avenida principal de la zona conurbada del puerto. Esta acción se la adjudicó el grupo conocido como los Mata Zetas, del cártel jalisciense Nueva Generación, supuesto aliado de la organización liderada por El Chapo Guzmán.



Mutismo



Con la muerte de Blake Mora, Calderón perdió también a su principal pieza en la relación con los familiares de las víctimas de su “guerra contra el narcotráfico”. En su condición de encargado de la política interior del país y como secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, el titular de Gobernación se encargó de coordinar y conducir el diálogo con el Movimiento Por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza el poeta Javier Sicilia.

Además, presidía la Junta de Gobierno de la recién creada Procuraduría Social de Atención a Víctimas del Delito, la cuestionada salida que encontró el gobierno de Calderón para dar “respuesta” a los familiares de las víctimas de la guerra contra el narco.

Con varios de sus homólogos en el CSN, incluidos los secretarios de la Defensa Nacional y Marina, Armada de México, formaba parte del órgano rector de esa procuraduría.

Junto con la Secretaría de Relaciones Exteriores, a Blake Mora también le tocó participar en los convenios de seguridad con Estados Unidos. Su gestión estuvo marcada por el silencio que guardó ante la creciente participación de las agencias estadunidenses de seguridad e inteligencia en México.

Durante su paso en Gobernación se establecieron nueve servicios de inteligencia civil y militar de Estados Unidos en la Ciudad de México (Proceso 1812). Además, se permitió la entrada de personal civil y castrense de ese país para infiltrar a los cárteles del narcotráfico y otros grupos de la delincuencia organizada.

La contraparte estadunidense de Blake Mora fue Janet Napolitano, titular del Departamento de Seguridad Interna, que ante la complacencia del ahora fallecido secretario instaló dos servicios de inteligencia en México: Inteligencia de Guardia Costera (CGI) y los servicios de información de la Oficina de Cumplimiento Aduanal y Migratorio (ICE).

Como titular de Gobernación tenía a su cargo el Instituto Nacional de Inmigración (INM), por lo cual también era responsable de la relación con la Oficina de Aduanas y Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (CBP).

También fue ominoso su mutismo ante el escándalo del Operativo Rápido y Furioso echado a andar por la Oficina de Alcohol, Tabasco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF, por sus siglas en inglés) para introducir a México más de dos mil 500 armas que fueron a parar a los cárteles de la droga.

En la defensa de la estrategia de Calderón y de la creciente presencia de los servicios de seguridad e inteligencia de Estados Unidos en México, la víspera de su muerte salió en defensa de la Iniciativa Mérida.

Mandó al subsecretario Felipe Zamora, quien murió con él en la caída del helicóptero, a responder a la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW), que el miércoles 9 había criticado el plan negociado entre Estados Unidos y México para combatir el narcotráfico.

En su informe, la organización con sede en Washington aseguró que la estrategia de la “guerra a las drogas” ha extendido el abuso de los derechos humanos en México por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, tanto del Ejército y la Marina, como de la Policía Federal y las corporaciones locales.

La respuesta de Zamora fue de franco rechazo a los señalamientos de HRW: “En México no estamos en guerra”, dijo. Aseguró que en la estrategia de seguridad del gobierno calderonista “los criminales son quienes torturan, secuestran, asesinas y corrompen”. Esa fue la última defensa de Blake Mora y de Zamora de la estrategia de combate al narco implantada por Calderón.

*Tomado de la revista Proceso.

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