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martes, agosto 02, 2011

El Congreso tiene la palabra*






Tomados de La Jornada, Hernández, El Fisgón y Rocha y El UNiversal, Helioflores y Naranjo.


José Gil Olmos

A Felipe Calderón los reclamos de las familias mutiladas y las cifras de muertos sólo lo reafirmaron en su obcecación por la guerra. Los legisladores que dialogaron con el Movimiento por la Paz el jueves 28 en el Castillo de Chapultepec fueron al parecer más receptivos –Javier Sicilia dice que obligados por la fuerza de los reclamos– y acordaron impulsar reformas legales para mejorar el sistema de justicia, abrir la política a los ciudadanos y atender adecuadamente a las víctimas del delito. Pese al escepticismo general ante las promesas de los políticos, Sicilia y Emilio Álvarez Icaza coinciden: si no cumplen, quedarán exhibidos por sus palabras sin valor.

Aún con cara de satisfacción por el encuentro de seis horas que sostuvieron con los legisladores de todos los partidos políticos, a quienes arrancaron el compromiso verbal de aprobar una decena de reformas políticas e impulsar iniciativas de atención a víctimas, Javier Sicilia y Emilio Álvarez Icaza muestran sus reservas cuando se les pregunta si confían en ellos, y al fin sueltan: si no cumplen, se quedarán con la vergüenza y la ciudadanía se los cobrará.
Sicilia advierte que tras esta reunión “histórica” seguirán las movilizaciones y las marchas con el fin de presionar a los partidos y al gobierno para que cambien la estrategia belicista de combate al narcotráfico. Adelantó que ya tienen cita con la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados para agendar los trabajos que conduzcan a las reformas mencionadas.
Álvarez Icaza, expresidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y operador del encuentro, dice que fue necesario vencer resistencias de los legisladores, quienes temían que no fuera respetuoso. Ahora, adelanta que si incumplen sus compromisos el movimiento ciudadano emprenderá acciones para “avergonzarlos”.
No obstante, ambos observan que, a diferencia del encuentro con Felipe Calderón, también en el Castillo de Chapultepec, en esta ocasión no salieron con insatisfacción ni con la molestia que les causó la actitud del presidente cuando se negó a pedir perdón a las víctimas y a cambiar su estrategia de guerra contra el crimen organizado, que ha dejado un saldo de 50 mil muertes y miles de desapariciones.
“Fue distinto –relata el poeta– porque hubo humildad de los legisladores, algo que es importante. No se defendieron como lo hizo Calderón, aceptaron sus faltas de cara a la sociedad: que han sido un Legislativo omiso. Incluso algunos de ellos pidieron un perdón sincero que ahora queremos ver traducido en actos de justicia real”.
Al concluir el encuentro del jueves 28, los integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad mostraban alto el ánimo. Al final de la larga reunión, Sicilia dio abrazos y hasta besos en señal de paz a legisladores como Manlio Fabio Beltrones. Antes les advirtió: “Se me ha criticado por haber abrazado al presidente Felipe Calderón y por besar la mano de la procuradora Marisela Morales, y hoy veo que ustedes son un chingo, y a todos y todas les doy un abrazo y les doy un beso en la mano”.
A contrapelo de las críticas, los integrantes del movimiento manifestaron satisfacción por lo conseguido en este encuentro, ya que como explicó Sicilia, presentaron más enérgicamente sus reclamos.
Yuriana Armendáriz, familiar de personas asesinadas en Creel en 2008, les gritó a los legisladores que, a pesar de años de protestas y de reuniones con el gobernador y con el presidente Calderón, todos los ignoraron. La joven viajó desde la sierra tarahumara para decirles:
“El caso de la masacre de Creel representa sólo un ejemplo de lo que está sucediendo con muchos casos más en nuestro estado y en nuestro país, que al permanecer impunes dejan un enorme dolor a nuestra comunidad, a nuestras familias, que además permanecemos tocando a las instituciones que no escuchan; con miedo no sólo frente a los delincuentes, sino frente a las autoridades que no tienen voluntad de atendernos y que muchas veces son cómplices, desde el presidente de la República hasta el gobernador del Estado, el presidente municipal, policías, ministerios públicos y, por añadidura, a los legisladores de nuestro estado.”
Gabriela Cadena, madre de Jaime Gabriel Alejo –un joven asesinado junto con Juan Francisco Sicilia Ortiz–, denunció que al pedir ayuda del gobierno federal para enfrentar las penurias que enfrentan por huir de Cuernavaca –en un escrito dirigido a Los Pinos–, la mandaron a pedir un crédito de microempresa.
La señora Celerina Santos Santiago vino desde Pochutla, Oaxaca, y sin más se sentó en la mesa para enseñar, prendidas de su blusa, las fotografías de sus 10 parientes desaparecidos el 14 de julio de 2010 en Tamaulipas, y denunciar que durante un año ninguna autoridad ha respondido su demanda de justicia, ni siquiera después de una huelga de hambre en el zócalo oaxaqueño.
Y Julián LeBarón reprochó: “Ustedes, los legisladores, que presumen ser nuestros representantes, se han mostrado ciegos a la muerte que los rodea, sordos a los gritos desesperados de indefensión que ahoga nuestros sueños en el desprecio de un mundo negro. Yo los invito a que, a partir de hoy, con sus acciones ayuden a impedir que nuestro legado quede sofocado y se ahogue el águila en nuestra propia sangre. Ustedes no pueden ser labradores de leyes que permitan la atrocidad impune de decenas de miles de mexicanos asesinados, desaparecidos, torturados, secuestrados y humillados en estos últimos cuatro años”.
Más que sus dolores, las víctimas y sus familiares presentaron en Chapultepec reclamos y propuestas. Al iniciar el encuentro, Javier Sicilia dijo a los diputados y senadores:
“Venimos con buena voluntad. Estamos convencidos de que más allá de los personajes, intereses y partidos que representan, más allá de los justos reproches que le hacemos y de las fundadas dudas de quienes nos dicen que estos diálogos no servirá de nada, estamos convencidos de que ustedes, al igual que se lo dijimos al presidente de la República, pueden oír en este ejercicio plenamente democrático el latido humano de su corazón.
“En la violencia que vive el país y la violencia que golpea a millones de familias existe una corresponsabilidad de los tres poderes (…) De cara a esta realidad, pero también sabedores de que ustedes tienen una gran responsabilidad que desde su humanidad y su condición de legisladores deben asumir, venimos hasta aquí no para que nos digan que ustedes no son responsables, que la culpa la tienen las bancadas de los otros partidos o el Ejecutivo o el Judicial. No venimos tampoco a escuchar posicionamientos de partido, sino a que por primera vez rindan cuentas ante la nación y la historia, y nos digan de un vez por todas si van a optar por la paz o por la guerra.”
Por casi tres horas hablaron los representantes de las víctimas, exponiendo los errores que se han cometido en el Congreso al no frenar a tiempo la guerra declarada por Calderón y sus consecuencias: 50 mil muertos, 10 mil desaparecidos y miles de desplazados, de viudas y de huérfanos. El semblante de los legisladores fue cambiando. Si al principio levantaban las cejas, al terminar la primera parte del encuentro su gesto era de aflicción y culpa.

Palabra de legislador

En una pausa al cabo de tres horas, en la cuales diputados y senadores fueron acusados de corrupción, indolencia, alejamiento de la ciudadanía, ineficiencia y manga ancha para la “guerra”, los integrantes del movimiento ciudadano hicieron un balance de lo que aún les faltaba exigir. A su vez, las fracciones de cada partido hicieron sus cónclaves.
“Ha sido una reunión fuerte y clara, pero no podía ser de otra manera; no se ha dicho nada que no sea cierto”, dijo al reportero el coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones. Su homólogo en la Cámara de Diputados, Francisco Rojas, se desmarcó: “A mí no me queda el saco”, pero anunció que su partido impulsaría las reformas política y de la Ley de Seguridad Nacional.
Enseguida el propio PRI, el PAN, el PRD, el PT, Convergencia y el PVEM se comprometieron a apoyar una lista pródiga en cambios legislativos: crear la comisión de la verdad, rehacer la Ley de Seguridad Nacional, elaborar la ley de atención a víctimas, aprobar la reforma política, crear la figura del auditor externo para vigilar a la Policía Federal, formar el consejo ciudadano de seguridad pública y aprobar una ley para regular las guarderías, otra para hacer lo mismo con los medios, otra más contra la desaparición forzada y una adicional: la ley de justicia.
Esto fue bien recibido en el movimiento ciudadano, pero con la inevitable reserva: “Nos dijeron que sí, pero que nos digan cuándo”, pidió Sicilia casi al final del encuentro en el alcázar del Castillo de Chapultepec.
Los legisladores tenían poco que perder y mucho por ganar al aceptar las propuestas que se les presentaron, con tono de exigencia y con los respectivos reclamos, las familias de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico declarada en julio de 2006 por un presidente Felipe Calderón disfrazado de militar.
“Al principio (los legisladores) tenían miedo de que fueran a agredirlos, de que hicieran una manifestación o de que les gritaran, pero vieron que son personas que no odian y que lo único que quieren es justicia”, dice Álvarez Icaza, quien se encargó de negociar con los partidos para realizar el encuentro.
En efecto, durante todo un mes de conversaciones previas, muchos familiares de víctimas de la violencia los criticaron por no actuar a tiempo en sus partidos o en el Congreso, por privilegiar intereses políticos electorales. Pero los propios partidos, sobre todo el PRI y el PAN, se dieron tiempo para sus acostumbradas escaramuzas. Días antes del encuentro en Chapultepec, los panistas insistían en la aprobación de la reforma política, ante la reticencia de los priistas.
Finalmente, dice Sicilia, “nos dijeron que sí, pero ahora hay que obligarlos a que cumplan, porque les dijimos que el sentido de la palabra es que se cumpla y no que sea un acto demagógico. El propio Beltrones dijo que entendía la sacralidad de la palabra, y esperamos que cumplan”.
Adelanta que los siguientes procesos de discusión serán lentos, pero insiste en que el cambio de actitud y de posición de los legisladores se debe a las exigencias de los familiares de víctimas:
“No sé por qué la prensa no tomó las denuncias de las víctimas como centro del asunto, porque después de escucharlas los legisladores sufrieron un proceso de cambio. Fue por ellos y para ellos. Pero la mayor parte de los medios se quedaron en el maquillaje político, por desgracia.”
–¿Te refieres a la foto del beso con Beltrones?
–Sí, a las interpretaciones que le dan. No he visto que la prensa les dé la importancia a las víctimas, veo otra vez que se centran en el pleito político y no en los acuerdos. Esto forma parte del escepticismo que lleva a la ruptura y que abona en función de la guerra y del dolor.
–Aunque sí hay razones para no creer en los partidos…
–Claro, nos han traicionado tanto… Pero el hecho de que la gente ha salido desde hace cuatro meses y que hemos logrado sentar a dos poderes frente a la nación, pues habla de una esperanza; y si las víctimas pueden tenerla, el país también. Pero tenemos que seguir presionando para que se encarne la palabra, por eso no vamos a dejar la movilización en las calles.
–¿Cómo van a participar las víctimas en este proceso para que no sean desplazadas por los especialistas?
–Las víctimas van a participar, pero los especialistas son necesarios para que traduzcan a esos lenguajes oficiales las demandas de justicia, reparación de daños, visibilización, la recuperación de la memoria de las personas que murieron y la comisión de la verdad. Van a participar como ya lo han hecho, expresando sus casos, las demandas que nacen de su propio dolor, de su propio sufrimiento y de las injusticias del Estado.
El poeta insiste en la necesidad de crear la comisión de la verdad porque se tiene que saber a quién se le imputan los delitos, quiénes son culpables y quiénes inocentes, para tener claridad y justicia plena.
–¿No hace falta integrar a las víctimas de todo el país antes de que se elaboren esas leyes de justicia, reparación de daños, registro de muertos y la comisión de la verdad?
–No, creo que hay que hacerlo en paralelo. Como dijo Emilio Álvarez Icaza, nos estamos adelantando a Colombia: empezar a visibilizar y activar una comisión de la verdad es, de alguna forma, comenzar a colaborar fuertemente para parar la guerra, porque las víctimas son el testimonio del horror de una guerra.
“No queremos llegar a 100 mil muertos; lo importante es que este horror tiene que hacerse visible y se pueda hacer algo con ese dolor, convertirlo en un instrumento para la paz.”

El sello del encuentro

Al final del diálogo, Sicilia repartió abrazos a los legisladores, a pesar de las críticas que recibió por hacer lo mismo con Calderón el 23 de junio. Pero el beso en la mejilla al senador priista Manlio Fabio Beltrones rebasó por mucho los señalamientos anteriores.
–¿No afecta esto al movimiento?
–Mira, yo vengo de una tradición de Gandhi y evangélica. Hago una distinción muy clara entre los hombres y sus actos. Como ya lo escribí en Proceso, nada me va a impedir pararme de una mesa, por más difícil que haya sido, y darle un abrazo al otro, porque mi intención es tocarle el corazón, tocar la conciencia, y no se logra sólo con señalamientos o con la palabra dura. Detrás de esto también debe venir el acto amoroso, la reconciliación en el corazón para que se pueda entender que lo que se dice y se acepta tiene un componente que al final de cuentas es hacia donde debemos ir: la paz. Y no hay paz sin la reconciliación, sin saber que el corazón es al final de cuentas el objetivo de la vida. Nos hacemos seres de verdad a partir del corazón.
Pero, advierte, esto es muy difícil de entender “en un país de machos, de desencuentros que se reflejan no sólo en la guerra horrenda que estamos viviendo con los crímenes, sino en las guerras partidistas, ideológicas. Es una nueva narrativa, y si la gente quiere seguir leyendo códigos viejos es un problema de ella. Pero hay que cambiar la conciencia y no se hace con golpes o palabras duras.
“Yo sigo lo que dijo Gandhi: al final de cuentas esto es lo que quedará y no la disensión, no la ruptura. O como lo dijo Napoleón: el espíritu es lo que al final de cuentas terminará por vencer a la espada.”
Y concluye: “No soy político en el sentido tradicional, no cuido imágenes. Soy lo que soy, la gente del movimiento así es. Somos lo que somos, hablamos verdad y nos comportamos con relación a esta verdad. No tenemos que andar cuidando imágenes, no tenemos necesidad de equipos para construir un look porque eso es mentira y nosotros no mentimos”.

*Tomado de la reviosta Proceso.

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