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martes, mayo 17, 2011

Hacia la resistencia civil...*





Tomados de La Jornada, El Fisgón, Hernández y Rocha y El Universal, Helioflores.


José Gil Olmos


Javier Sicilia lo admite: aún falta dar dimensión nacional al movimiento cívico pacifista que se gestó en Cuernavaca, Morelos, a raíz del asesinato de su hijo Juan Francisco y otras seis personas. Dice que el próximo punto es convencer a las organizaciones de Juárez para que se sumen a los seis ejes del Pacto por la Paz, que será firmado en esa ciudad el próximo 10 de junio. Y sobre la oferta de diálogo que le hizo el mandatario, sostiene que, de realizarse, nunca será de espaldas a la ciudadanía. E insiste: ojalá el presidente deje que lo humano, la comprensión y la sensatez vuelvan a operar en él.



Más relajado luego de la caminata que encabezó desde Cuernavaca, Morelos, y terminó con una concentración masiva en el Zócalo de la Ciudad de México el domingo 8, Javier Sicilia sostiene que la movilización nacional por la paz no debe centrarse en la renuncia del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, exigencia que, aclara, él hizo de manera personal.

Lo importante, abunda, son las seis propuestas del Pacto por la Paz que se firmará en Ciudad Juárez el 10 de junio: verdad y justicia; fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combate a la corrupción e impunidad; combate a la raíz económica y a las ganancias del crimen; atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social, y democracia participativa y democracia en los medios de comunicación.

Sicilia resume la jornada cívica de ese día: aun cuando puede ser una oportunidad para que Felipe Calderón corrija su estrategia policiaco-militar de combate al narcotráfico, si el mandatario no aprovecha la coyuntura y modifica su posición, su gobierno pasará a la historia como el “sexenio del crimen”.

E insiste: Lo anterior conlleva el riesgo de que el escenario político se radicalice y algunos sectores sociales opten por medidas como la desobediencia civil durante el proceso electoral de 2012.

–¿No le parece que es exagerado ese planteamiento?

–¡No!... Estamos en un estado de emergencia: 40 mil muertos no son cualquier cosa; tampoco lo son los 10 mil desaparecidos ni las fosas con gente ejecutada. Es como si estuviéramos en los tiempos de los nazis; tenemos muertos todos los días. ¿Hasta dónde tenemos que llegar? ¿Cuántos muertos necesitamos para que la clase política lo entienda?

Por lo que atañe a la sociedad civil, argumenta que el principal reto es actuar “con humildad” para evitar las divisiones y protagonismos. Lo importante, dice, es consolidar un movimiento nacional que se aboque a la refundación del país; “debemos dejar atrás el infantilismo, a los caudillos, a las mujeres y hombres providenciales”.

“Existen voces inspiradoras que convocan y reúnen, pero no figuras providenciales. Sólo si dejamos atrás ese infantilismo podremos superar el fracaso”, reitera.

Su balance incluye a los partidos políticos y al gobierno federal que, puntualiza, no han tenido la humildad para reconocer a la ciudadanía que marchó por las calles para exigir justicia, paz y democracia; porque desdeñan las marchas por la paz del 6 de abril y del domingo 8 de mayo.

Sicilia asegura que los partidos y el propio Calderón siguen mostrando su miopía frente a la demanda ciudadana que pide detener esta guerra por los altos costos sociales que está teniendo. “Piensan en un México abstracto; hay un divorcio entre el gobierno y los ciudadanos”, dice el escritor.

Sobre la posibilidad de que los partidos políticos quieran aprovecharse de este movimiento y sacarle provecho electoral, pinta su raya: “No vamos a entrar en este juego de las elecciones, que serán las de la ignominia. Quien gane no va a resolver el problema, puesto que es estructural y empieza con la limpieza de los partidos; lo único que hará será administrar la desgracia”.

Y reitera que tanto él como los demás integrantes del movimiento se mantendrán al margen de la contienda electoral del próximo año. “Es una posición moral irregateable”. Por eso, comenta al reportero, rechazó los mensajes que durante la marcha le enviaron los dirigentes del PRI y del PRD.

“Todos los partidos políticos tienen intereses. Si nos sumamos a las elecciones –comenta– nos vamos a sumar a la ignominia. La salida, creo, sería un candidato ciudadano, con una agenda en la que todos estemos de acuerdo para que las campañas políticas puedan tener sentido y sean verdaderas expresiones de la democracia.”

Y agrega: “Así como pedimos la renuncia de Genaro García Luna, los partidos deberían renunciar a sus candidaturas y buscar un candidato ciudadano de unidad nacional. Hay muchos que pueden serlo”.



Nombrar el dolor, organizarse



El 28 de marzo, cuando Juan Francisco Sicilia Ortega y sus amigos fueron asesinados en Temixco, Morelos, el poeta se encontraba en Filipinas, donde participaba en un encuentro de escritores. Hasta allá le llegó la noticia. “Me quedé impotente –relata–. ¡Estar en un lugar extraño, lejos de tu país y con una noticia de ese tamaño!...”.

Para colmo de males pidió que su vuelo no pasara por Estados Unidos. Dice que sólo tenía dos días para llegar a los funerales de Juan Francisco. Y aun cuando el embajador Tomás Calvillo le consiguió una visa especial, perdió el vuelo… Cuando llegó a Cuernavaca apenas tuvo tiempo de asistir al entierro de su hijo.

“Me encontré que el asesinato había provocado una indignación muy fuerte entre los estudiantes y algunos amigos y profesores, escritores, activistas. Ya habían organizado marchas; también colocaron una ofrenda. El clima era propicio para la manifestación”, cuenta Sicilia.

Sin concluir la etapa del duelo organizó la primera marcha por la paz el 6 de abril, que rebasó las expectativas. No sólo se convirtió en la protesta más numerosa en la historia de Morelos, sino que detonó movimientos solidarios en decenas de ciudades estadunidenses, de países europeos y de América Latina.

“Lo que hizo la muerte de mi hijo fue darle un canal, darle nombre al dolor que estaba acumulado y que el gobierno había borrado bajo el lema de bajas colaterales. Todo esto tenía muy mal a la gente que ni siquiera podía sacar su dolor en su peregrinar buscando justicia.

“De repente la muerte de mi hijo empieza a nombrar todo este dolor, a nombrar a los muertos, que esas bajas colaterales no eran cifras y que muchos de ellos no eran delincuentes y que todos tienen nombre y apellido, familias rotas. Entonces la gente comenzó a nombrar su dolor, comenzó a salir de su miedo”, señala Sicilia.

Fue como un acto de liberación. Familias agraviadas por la violencia se presentaron ante los organizadores de la marcha y escribieron sus relatos en un libro colocado en el altar montado en las puertas del palacio de gobierno de Cuernavaca.

Otros ciudadanos propusieron utilizar los pilares del inmueble para poner placas con los nombres de sus muertos. El propósito, dijeron, era que en otras plazas, pueblos y ciudades del país se hiciera algo similar. E insistieron en que lo fundamental es recuperar la memoria de los muertos. A partir de esa iniciativa se está conformando una base de datos con los nombres de los muertos y desaparecidos en el país.

“Uno de los gestos más bonitos en medio de este dolor fue poner las placas con los nombres de los muertos en Morelos, de los 96 que han ocurrido este año. Un día llegó a la plaza una señora muy humilde con el nombre de su hijo. Así fue como comenzaron a salir los demás; la gente se dio cuenta de la indefensión en que vivimos por la guerra de Calderón, mal planteada, mal hecha, mal llevada”, machaca el escritor y colaborador de Proceso.

Fue cuando pidió la renuncia del gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, y del alcalde de Temixco, donde fueron asesinados Juan Francisco y sus amigos.

“Pero no hubo nada porque los ciudadanos no tenemos armas legales, como la revocación del mandato. Todos están coludidos, son cómplices. Por eso convocamos a la marcha a la Ciudad de México y el Pacto por la Paz con seis ejes fundamentales que, creemos, es lo que se necesita para crearle un suelo al país y que tienen que ver, sobre todo, con seguridad y democracia.”

Siete semanas después del asesinato de su hijo y de las primeras manifestaciones de repudio a la guerra declarada por Calderón al crimen organizado, comenzaron a darse los primeros signos del nacimiento de un “Movimiento Nacional por la Paz”.



No a la espiral de violencia



Para Pietro Ameglio, experto en resolución de conflictos y colaborador importante del movimiento, la sociedad mexicana reaccionó tarde ante la situación de emergencia que vive el país.

Entrevistado durante la caminata que culminó con la concentración del domingo 8 en el Zócalo de la Ciudad de México, expone: “Creo que hemos tardado mucho en salir a la calle. Hay muchos casos de impunidad en todo el país. Quizá el más inhumano sea el de la guardería ABC de Hermosillo. No puedo imaginar que se quemen 48 niños y no haya un solo responsable; que ninguna autoridad haya puesto a disposición a una persona para que investigue. No hay la más mínima ética ni dignidad pública.

“Ha habido otras masacres, como la de Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, fusilamientos, cosas espantosas. Y yo pregunto: ¿dónde están los jerarcas de las Iglesias? La reserva moral ha tardado mucho en salir porque hemos tenido acciones en un nivel de violencia y de impunidad que es para que estuviéramos en la calle desde hace mucho tiempo.”

Sicilia dice que nunca es tarde para rectificar el camino. “La marcha marcó eso: que el dolor que pudo ser algo se transformó en amor, en comunión, en una búsqueda por la paz, la justicia y la dignidad. Porque el amor también tiene la otra cara: no es un cheque en blanco: busca también la justicia sana.

“A pesar de la indignación, de momentos muy duros sobre todo en la plaza de la Constitución, hubo momentos violentos en palabras gritando la muerte de Calderón, y se ha apelado otra vez al corazón. No queremos más odio. Que el dolor no sirva para el odio, sino para rehacer el amor, la justicia y la paz que perdimos. Creo que la gente, al final de cuentas, volvió a retomar su corazón. Se calmó y se calló.”

El jueves 5 por la mañana, cuando se inició la marcha en Cuernavaca, no había ni 500 personas. Algunos de los organizadores pensaron que no habría respuesta de la gente.

Sicilia recapitula: “Estaban todos los sectores, la ultraizquierda, la derecha, empresarios, los indios, los zapatistas; todos los grupos. No fue una marcha catártica. Evidentemente no lo es.

“Hay una propuesta de seis ejes que son lo fundamental, y en ellos se reconoce la ciudadanía. Si la clase política no puede oír esto, va a ser muy grave porque las demandas son ciudadanas y nadie las ha objetado. Debemos rehacer el país –esta es una de las últimas oportunidades para intentarlo– y conquistar la incipiente democracia que estamos perdiendo”, advierte.

–¿Por qué dice que es una de las últimas oportunidades?

–Porque en el país hay mucho dolor y mucho enojo… Aquí hay una propuesta ciudadana. Si continúan matando gente, cuando les comience a llegar a la clase política –parece que ya empezó a ser afectada–, entonces el país se va a incendiar.

“Si pasa esto, entraremos en una espiral de violencia aterradora. El otro rostro es igual de aterrador: el de un Estado policiaco o el de un Estado militar. De alguna manera las dos son dos formas del infierno frente a la búsqueda de un camino que la ciudadanía ha hecho para que haya un Estado democrático y de derecho.”



El pacto de paz



Javier Sicilia se ha pronunciado siempre por la no violencia como la forma adecuada para la solución de conflictos. Esa práctica la aprendió, dice, de su maestro Giuseppe Lanza del Vasto.

Filósofo, poeta y activista italiano, Lanza del Vasto participó al lado de Gandhi­ en su lucha por la liberación de la India. Décadas después, creó su propia comunidad de autogestión y de espiritualidad en Francia, a la que llamó El Arca.

“Creo que la mejor arma de la no violencia es la resistencia civil”, comenta Sicilia, y enumera sus múltiples formas: el no pago de impuestos, el voto blanco, las huelgas, marchas y manifestaciones pacíficas.

Todas ellas podrían utilizarse, insiste, si los partidos políticos no aprueban una reforma política que incluya los mecanismos de la democracia participativa: referéndum, plebiscito, revocación de mandato, candidaturas ciudadanas, desafuero.

Sicilia adelanta que el siguiente paso es estructurar el movimiento a partir de los seis ejes del Pacto por la Paz. Para ello, viajará a Ciudad Juárez y dialogará con las organizaciones sociales que aún se muestran renuentes a firmar el documento programático en esa ciudad luego del fracaso del programa federal “Todos somos Juárez”, que para ellos sólo ha representado más violencia.

Si no los convence, Sicilia propondrá que la firma sea en Cuernavaca, donde nació el movimiento. También refiere que aún falta establecer el formato para el diálogo abierto con el presidente Felipe Calderón que, reitera, no será a espaldas de la ciudadanía.

“El formato que propusimos es con la prensa, en público, con las familias de las víctimas, representantes de la sociedad civil y en Palacio Nacional. Pero sólo sería de acercamiento porque nuestro punto de llegada es el 10 de junio. Esto sería un preparativo”, precisa el poeta.

Según Sicilia, el domingo 8 por la noche recibió una llamada del secretario de Gobernación, Francisco Blake, para invitarlo a dialogar con Calderón, pero en privado. “Yo ya no estoy solo –le dije–. Soy parte de un movimiento nacional y el encuentro sería totalmente transparente, público, con las familias; nada de secretos”.

Y explica: “Nosotros no estamos persiguiendo nada. Además, ellos tienen que dar cuentas a la ciudadanía, no a sí mismos. Lo que se hable ahí tiene que conocerlo la ciudadanía”.

–Usted se ha reunido con Calderón en dos ocasiones. ¿Qué impresión tiene de él?

–Cuando deja hablar su corazón y al hombre, no al presidente de la República, creo que Calderón puede encontrar caminos. Pero cuando deja hablar al político, lo que sucede generalmente, se mete en una cerrazón que lo está poniendo en un terreno muy difícil porque 40 mil muertos y 10 mil desaparecidos representan un fracaso; muestran que su política no tiene rumbo más que el camposanto y el terror.

–¿Es una oportunidad más para Felipe Calderón?

–Es una gran oportunidad. Ojalá escuche; ojalá haga ese silencio que deje escuchar a su corazón y al hombre, no al personaje que representa: el presidente de la República.

–¿Es el tiempo justo para hacerlo?

–Está justo a tiempo. Yo tengo esperanzas en el hombre, no en el presidente de la República; que deje que lo humano, la comprensión y la sensatez vuelvan a operar en él.


*Tomado de la revista Proceso.

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